Hace un mes que lo conozco y seguramente queda menos para que acabe. F.ii. al final no ha encontrado trabajo aquí y tendrá que volver a EEUU. No sé por qué ni siquiera me pregunto si cabe la posibilidad de continuar cuando se haya ido. Ayer me reveló que se teme que su salida haya de ser inminente, en menos de un mes. Que por eso había ignorado algunas de mis llamadas. Un día antes yo había establecido contacto por internet con otros hombres, y había planificado una segunda salida a aquél lugar violento al que fui experimentalmente por primera vez dos días después de conocerlo y un día antes de proponerle un pacto de fidelidad a F.ii. No sé si ir a este sitio debería considerarse una violación de ese pacto. No sé cómo considerarlo. Pero ayer por la noche alguien estaba apalizando a alguien con un cinturón de cuero negro, y me quedé embobado mirándolo, y el del cinturón me lo ofreció para que actuara yo, y en mi mente ya lo estaba haciendo, en mi mente estaba poniendo a ese sujeto al límite del terror con mi autoridad y mi violencia, pero en la realidad rechacé educadamente el cinturón, una vez, dos veces, tres veces, cuando el del cinturón puso al otro con la cabeza en mis pies, cuatro veces, cuando el del suelo empezó a lamerme los tobillos, cinco y seis veces rechacé que la fantasía se revistiera de realidad, porque no quiero que se estropee con la imperfección de la realidad. Por la tarde él me dijo que quizá se iría el mes siguiente, que era lo más seguro, y por la noche en ese antro me sentía los hombros caídos y los ojos cansados, con picores en la tráquea, con un hueco vacío a mi lado, y con un "no" atascado en la garganta.
Volveré a quedarme solo, el destino me guarda el estúpido privilegio de poderlo adelantar en el tiempo. Pero para qué ejercer ese simulacro de libertad si eso supone hacerle daño a él. Voy a estar a su lado cuanto pueda. Voy a intentar que haya tenido razón en quererme.
2008-09-14
2008-08-18
los hombres de paso
Me dejó ignorado y abocado a lo desconocido. Con la madurez se aprende que nada es permanente, que lo perdido no es ideal, que el futuro no es negro. Me quedé con una sonrisa amarga y aflojé el ritmo de mi necesidad.
Tengo abierto en otra ventana el calendario de este agosto. Yo mismo no los recuerdo a todos. Una amiga me dijo que no le valía la pena aprenderse sus nombres, si un día después me dicen que nunca más les llame. Supongo que estos días me he aplicado la misma filosofía. Y desde entonces, han llegado cosas serias.
A principios de mes, estaba recorriendo pasillos oscuros con vapor cuando una mole rubia se interesó por mí. Cuánto sexo. Qué buena estatua. Nos vimos luego fuera. Pasó una noche conmigo. Estuvimos desnudos en la playa. Somos físicamente opuestos: joven-viejo, bajo-alto, moreno-rubio, etc etc. Ahora desde Alemania me escribe que cuándo. Cuándo, cuándo.
En esos días, había un contacto por internet que prometía mucho. Matemático, de una edad apropiada, de un parecido asombroso con mi hermano. Ojos grises, aunque insiste en que son azules. Es muy divertido y muy sensual (creo que van asociadas las dos características). Nos vimos una vez, durmió en mis brazos, me pidió que nos volviéramos a ver, pero luego pasaron muchos días, y aunque dije de broma: "no quiero precipitarme, pero es el hombre de mi vida", yo tampoco pensé que debiera insistir si no surgía alguna respuesta por su parte. Dice que el trabajo le impide quedar con "gente", y yo sólo digo que no soy gente. Todos dicen que no somos nada, y yo les digo a ellos que nada lo serán ellos. No me incluyan.
En internet arrecian los turistas que visitan mi ciudad por unos días y buscan contactos esporádicos. He recibido decenas de ofertas. El día que conocí al matemático de hecho me había comprometido a verme con un negro de San Francisco. Pero ir a su hotel se me antojó algo complicado, y estaba tan bien en los brazos del matemático, que estúpidamente dejé pasar una oportunidad. Esa misma semana me encontré con un colombiano de Madrid, después del cual decidí no responder ningún mensaje de hombres de paso. Después del cual, sólo he respondido mensajes de hombres de paso. En la misma semana del colombiano conocí al protagonista del día de hoy y de espero que muchos días más, y dos días después, ayer, he estado con un francés de Madrid y con un valenciano de Valencia. Ambos bebieron de mi cuerpo.
No es cierto que yo cerrase mis ojos ni mis ventrículos después de que todos mis amores se frustraran prematurísimamente. Fue un cambio de actitud, un dejar ir, una mejora en la confianza, más seguridad a la hora de abrir el móvil y llamar al número de un desconocido para presentarse. Ahora lo hago con una soltura que me alegra, porque siempre he creído que la timidez era un grave defecto. De modo que entre todos estos hombres de paso he seguido queriendo encontrar, o he querido seguir encontrando, o he encontrado sigo querer, alguien que se enamore de mí.
F.ii. es puertorriqueño pero nacido en NY, es atractivo y divertido, pero podría ser mi padre y de hecho es padre. Además es celoso y muy salvaje en la cama. Es lo opuesto a todo lo que me he ido encontrando y no me ha servido, y por eso creo que él sirve, aunque no encuentro en mi corazón esa inquietud enfermiza que llamo precipitadamente amor casi siempre. El propio respeto que siento hacia las personas me hace estar a la defensiva cuando alguien parece querer depender de mí, porque yo mismo no confío en ser capaz de darle todo lo que quiere. Ayer estaba bajo el peso de su cuerpo y me preguntaba, si para querer a alguien hay que quererse a uno mismo antes, ¿no es amar un signo de egocentrismo, además de una temeridad? ¿Quién soy yo para ocupar el hueco que hay al lado de este hombre maravilloso? Eso refrena mis ansias, pero la lógica me dice que no voy a dejarle el puesto a alguien con menos cerebro ni con más centímetros.
Ya no recuerdo si escribo este blog para aclararme yo mismo con la lista de amantes, para no olvidarlos, para alardear de cantidad de conquistas, para reflexionar sobre la pasión o para reflexionar sobre mis carencias afectivas. Ya no sé si intentaba lograr algo artístico con el relato de las batallas. Ya no sé si cuento secretos o si esto es puro escribicionismo.
El caso es que me llegó un mensaje misterioso de un desconocido atractivo que me invitaba a ser su acompañante en un antro violento, todo pagado, con ropa adecuada para que yo pudiera usar. No voy a revelar de qué se trataba. Pero en la ropa había cadenas, en el sitio había cerdos, en mi acompañante había mucho morbo, en mí había mucha violencia que sacar.
Tuve que mentirle a mi romance latino, y este último párrafo espero que no exista a partir de ahora en el tiempo. Imaginaré que existió unos días antes de cuando realmente llegó. Al fin y al cabo ¿qué diferencia hay? Gracias hay que dar de que lleguen las cosas. Quizá me honraría haber renunciado a esta oportunidad por una persona, como renuncié al negro por el matemático. El caso es que en el mundo no hay justicia, porque el matemático luego me ignoró, y el latino no lo parece querer hacer. Hoy le he propuesto fidelidad, y ha contestado: qué alegría. Viva la alegría de los atrevidos.
Tengo abierto en otra ventana el calendario de este agosto. Yo mismo no los recuerdo a todos. Una amiga me dijo que no le valía la pena aprenderse sus nombres, si un día después me dicen que nunca más les llame. Supongo que estos días me he aplicado la misma filosofía. Y desde entonces, han llegado cosas serias.
A principios de mes, estaba recorriendo pasillos oscuros con vapor cuando una mole rubia se interesó por mí. Cuánto sexo. Qué buena estatua. Nos vimos luego fuera. Pasó una noche conmigo. Estuvimos desnudos en la playa. Somos físicamente opuestos: joven-viejo, bajo-alto, moreno-rubio, etc etc. Ahora desde Alemania me escribe que cuándo. Cuándo, cuándo.
En esos días, había un contacto por internet que prometía mucho. Matemático, de una edad apropiada, de un parecido asombroso con mi hermano. Ojos grises, aunque insiste en que son azules. Es muy divertido y muy sensual (creo que van asociadas las dos características). Nos vimos una vez, durmió en mis brazos, me pidió que nos volviéramos a ver, pero luego pasaron muchos días, y aunque dije de broma: "no quiero precipitarme, pero es el hombre de mi vida", yo tampoco pensé que debiera insistir si no surgía alguna respuesta por su parte. Dice que el trabajo le impide quedar con "gente", y yo sólo digo que no soy gente. Todos dicen que no somos nada, y yo les digo a ellos que nada lo serán ellos. No me incluyan.
En internet arrecian los turistas que visitan mi ciudad por unos días y buscan contactos esporádicos. He recibido decenas de ofertas. El día que conocí al matemático de hecho me había comprometido a verme con un negro de San Francisco. Pero ir a su hotel se me antojó algo complicado, y estaba tan bien en los brazos del matemático, que estúpidamente dejé pasar una oportunidad. Esa misma semana me encontré con un colombiano de Madrid, después del cual decidí no responder ningún mensaje de hombres de paso. Después del cual, sólo he respondido mensajes de hombres de paso. En la misma semana del colombiano conocí al protagonista del día de hoy y de espero que muchos días más, y dos días después, ayer, he estado con un francés de Madrid y con un valenciano de Valencia. Ambos bebieron de mi cuerpo.
No es cierto que yo cerrase mis ojos ni mis ventrículos después de que todos mis amores se frustraran prematurísimamente. Fue un cambio de actitud, un dejar ir, una mejora en la confianza, más seguridad a la hora de abrir el móvil y llamar al número de un desconocido para presentarse. Ahora lo hago con una soltura que me alegra, porque siempre he creído que la timidez era un grave defecto. De modo que entre todos estos hombres de paso he seguido queriendo encontrar, o he querido seguir encontrando, o he encontrado sigo querer, alguien que se enamore de mí.
F.ii. es puertorriqueño pero nacido en NY, es atractivo y divertido, pero podría ser mi padre y de hecho es padre. Además es celoso y muy salvaje en la cama. Es lo opuesto a todo lo que me he ido encontrando y no me ha servido, y por eso creo que él sirve, aunque no encuentro en mi corazón esa inquietud enfermiza que llamo precipitadamente amor casi siempre. El propio respeto que siento hacia las personas me hace estar a la defensiva cuando alguien parece querer depender de mí, porque yo mismo no confío en ser capaz de darle todo lo que quiere. Ayer estaba bajo el peso de su cuerpo y me preguntaba, si para querer a alguien hay que quererse a uno mismo antes, ¿no es amar un signo de egocentrismo, además de una temeridad? ¿Quién soy yo para ocupar el hueco que hay al lado de este hombre maravilloso? Eso refrena mis ansias, pero la lógica me dice que no voy a dejarle el puesto a alguien con menos cerebro ni con más centímetros.
Ya no recuerdo si escribo este blog para aclararme yo mismo con la lista de amantes, para no olvidarlos, para alardear de cantidad de conquistas, para reflexionar sobre la pasión o para reflexionar sobre mis carencias afectivas. Ya no sé si intentaba lograr algo artístico con el relato de las batallas. Ya no sé si cuento secretos o si esto es puro escribicionismo.
El caso es que me llegó un mensaje misterioso de un desconocido atractivo que me invitaba a ser su acompañante en un antro violento, todo pagado, con ropa adecuada para que yo pudiera usar. No voy a revelar de qué se trataba. Pero en la ropa había cadenas, en el sitio había cerdos, en mi acompañante había mucho morbo, en mí había mucha violencia que sacar.
Tuve que mentirle a mi romance latino, y este último párrafo espero que no exista a partir de ahora en el tiempo. Imaginaré que existió unos días antes de cuando realmente llegó. Al fin y al cabo ¿qué diferencia hay? Gracias hay que dar de que lleguen las cosas. Quizá me honraría haber renunciado a esta oportunidad por una persona, como renuncié al negro por el matemático. El caso es que en el mundo no hay justicia, porque el matemático luego me ignoró, y el latino no lo parece querer hacer. Hoy le he propuesto fidelidad, y ha contestado: qué alegría. Viva la alegría de los atrevidos.
2008-07-17
Angustia
Luga, 17JUL2008 1605
Hola guapo qué tal la tarde? Espero que bien. He estado pensando y es lo mejor no vernos. Ayer me lo pasé bien y no me gusta hacer lo que no me gustaría que me hagan. Tengo una pareja y estoy bien. No quiero darte ilusiones y no quiero arriesgarme con lo que tengo. Prefiero tenerte agregado y contarnos cómo van nuestras vidas. No me escribas ni me llames. Espero que lo entiendas. Te mando un abrazo y sé bueno.
E., 17JUL2008 1635
Te quiero y estaré aquí para todo lo que necesites. Piénsalo otra vez. Dime algo.
Hola guapo qué tal la tarde? Espero que bien. He estado pensando y es lo mejor no vernos. Ayer me lo pasé bien y no me gusta hacer lo que no me gustaría que me hagan. Tengo una pareja y estoy bien. No quiero darte ilusiones y no quiero arriesgarme con lo que tengo. Prefiero tenerte agregado y contarnos cómo van nuestras vidas. No me escribas ni me llames. Espero que lo entiendas. Te mando un abrazo y sé bueno.
E., 17JUL2008 1635
Te quiero y estaré aquí para todo lo que necesites. Piénsalo otra vez. Dime algo.
My Name is Luga
(Hace 2 años)
Caminaba entre los pasillos oscuros con satisfacción, quería secarme y salir ya de allí. Al pasar por un lugar alguien levantó la cabeza y me siguió hasta un punto oscuro. Apareció por mi derecha para devorarme el pecho.
Fue dulce cambiar mi plan y no irme. Fue dulce todo. Hubo magia, pero yo no buscaba magia, quería sólo violencia. Pero luego me habló con esa voz de narrador de cine, en que cada frase es una unidad entonativa de melancolía. Entonces nos abrazamos tanto, que pasaron las horas y cuando tuvo que irse yo todavía no había ni empezado a satisfacer la necesidad de mis manos de cuidarle. Me pidió que algún día fuese a buscarle al trabajo, le dije que algún día lo haría y no lo hice nunca. Nos escribimos alguna vez.
Y alguna vez quise probar su amor (porque él mismo reconoció y reconoce que lo hubo, pero no todavía que lo hay) y le obligué a verme en el mismo lugar. Acudió fiel a la cita. Pero si algo me han enseñado las dos últimas experiencias, es que cuando alguien no quiere a alguien es porque no se siente a sí mismo preparado para esa situación. Tomar decisiones por lo que quieras o no a alguien es egoísta, pero no lo suficiente: lo somos al punto de hacerlo por cómo nos queremos a nosotros mismos. Yo, no pude amarle en ese momento.
Su voz mágica fue especialmente literaria cuando decía que no nos veríamos más, porque yo tenía a alguien con quien dormir cada día, y él no. Yo le pedí que nos viéramos más, pero se despidió por siempre (o algo así dijo). No lo sentí en absoluto, o no lo creí en absoluto, o A a causa de B. Seguí indiferente.
Lo que pasó en los meses siguientes es que él conoció a alguien con quien dormir cada día, y yo lo perdí. Y ahora sé que seguía escribiendo acerca de mí en su diario. Y han pasado dos años en los que sólo ha habido lo que yo escribía aquí: una búsqueda desviada, dolorosa y sin éxito. Ahora la historia se dibuja más completa. Ahora cobrará un nuevo sentido si aun me quiere.
(Hace unas horas)
Apareció de nuevo en un momento providencial, y no dudó en responder a mi llamada. Allí estaba, en la estación, con su apariencia de dibujo animado, con sus ojazos negros, fuertes y sensibles. Casi no supo cómo saludarme. Optamos por besos en las mejillas con mucha presión. No puedo decir que su actitud fuera poco amorosa. La lógica me dice que lo fue demasiado para su situación. Y a mí me cuesta pensar que alguien puede estar a punto de perderlo por culpa mía. Pero tampoco yo tengo la culpa de haber venido a parar rodando a la situación propicia de necesitarlo, de devolverle poco a poco lo que tanto merecía. De momento ayer debajo del sol había una ligera tela de nubes, y allí se formó un arco iris circular que parecía un ojo intimidador, y debajo de ese ojo estuvimos los dos abrazados. En realidad, yo lo abracé, y él me mordió el brazo entre suspiros, con su cara irreal contrariada. Y me leyó un fragmento de un libro que hablaba de cosas que se pierden si se amarran demasiado fuerte.
Caminaba entre los pasillos oscuros con satisfacción, quería secarme y salir ya de allí. Al pasar por un lugar alguien levantó la cabeza y me siguió hasta un punto oscuro. Apareció por mi derecha para devorarme el pecho.
Fue dulce cambiar mi plan y no irme. Fue dulce todo. Hubo magia, pero yo no buscaba magia, quería sólo violencia. Pero luego me habló con esa voz de narrador de cine, en que cada frase es una unidad entonativa de melancolía. Entonces nos abrazamos tanto, que pasaron las horas y cuando tuvo que irse yo todavía no había ni empezado a satisfacer la necesidad de mis manos de cuidarle. Me pidió que algún día fuese a buscarle al trabajo, le dije que algún día lo haría y no lo hice nunca. Nos escribimos alguna vez.
Y alguna vez quise probar su amor (porque él mismo reconoció y reconoce que lo hubo, pero no todavía que lo hay) y le obligué a verme en el mismo lugar. Acudió fiel a la cita. Pero si algo me han enseñado las dos últimas experiencias, es que cuando alguien no quiere a alguien es porque no se siente a sí mismo preparado para esa situación. Tomar decisiones por lo que quieras o no a alguien es egoísta, pero no lo suficiente: lo somos al punto de hacerlo por cómo nos queremos a nosotros mismos. Yo, no pude amarle en ese momento.
Su voz mágica fue especialmente literaria cuando decía que no nos veríamos más, porque yo tenía a alguien con quien dormir cada día, y él no. Yo le pedí que nos viéramos más, pero se despidió por siempre (o algo así dijo). No lo sentí en absoluto, o no lo creí en absoluto, o A a causa de B. Seguí indiferente.
Lo que pasó en los meses siguientes es que él conoció a alguien con quien dormir cada día, y yo lo perdí. Y ahora sé que seguía escribiendo acerca de mí en su diario. Y han pasado dos años en los que sólo ha habido lo que yo escribía aquí: una búsqueda desviada, dolorosa y sin éxito. Ahora la historia se dibuja más completa. Ahora cobrará un nuevo sentido si aun me quiere.
(Hace unas horas)
Apareció de nuevo en un momento providencial, y no dudó en responder a mi llamada. Allí estaba, en la estación, con su apariencia de dibujo animado, con sus ojazos negros, fuertes y sensibles. Casi no supo cómo saludarme. Optamos por besos en las mejillas con mucha presión. No puedo decir que su actitud fuera poco amorosa. La lógica me dice que lo fue demasiado para su situación. Y a mí me cuesta pensar que alguien puede estar a punto de perderlo por culpa mía. Pero tampoco yo tengo la culpa de haber venido a parar rodando a la situación propicia de necesitarlo, de devolverle poco a poco lo que tanto merecía. De momento ayer debajo del sol había una ligera tela de nubes, y allí se formó un arco iris circular que parecía un ojo intimidador, y debajo de ese ojo estuvimos los dos abrazados. En realidad, yo lo abracé, y él me mordió el brazo entre suspiros, con su cara irreal contrariada. Y me leyó un fragmento de un libro que hablaba de cosas que se pierden si se amarran demasiado fuerte.
2008-07-15
Roads, Portishead
Supongo que a esto le llaman 'relación tortuosa'. Le insinué que le quería. Me expresó sus dudas. Insistí en verle. Me dejó claro que sólo somos amigos. Para calmar el dolor intenté verme con otro hombre, cualquiera, para ensayar realmente su fórmula, para gustarle más con mi independencia. Le dije lo que había hecho. Admiró el atrevimiento de decirlo. Pero no pudo soportar la vanidad partía, y desde entonces todo ha sido rechazo y no entendimiento. Así hasta que ayer dijo tajantemente que no podía (o no quería) seguir intentando nada más conmigo que no fuera la habitual amistad incolora. Y no he llorado porque me cuesta creer que sea definitivo, y porque sé que su opinión es volátil, para mal, y esperemos que para bien. Cuando nos veamos próximamente, sin ataduras expresas, veremos si algo acerca nuestros labios. Veo la imagen muchas veces al día. Y ando de un lado a otro transportando un teléfono móvil que no suena.
He recuperado a alguien de mi pasado porque se parece a él, y porque hace dos años me envió por mail la misma canción que me envió él hace unos días, mi novísimo ex. El parecido entre personas siempre me fascina, sobretodo cuando no es sólo el físico, sino el carácter y acciones concretas, como enviarme a mí sólo una canción, y ambos la misma. También es cierto que otras muchas veces había fantaseado con recuperar a este ex amante, porque recuerdo con ternura que se enamoró de mí, y me lo explicó con su voz mágica de personaje de dibujos animados. Gracias a él también en parte, he podido no llorar.
Mañana nos veremos en la playa. No dudó ni un momento en acudir a mi llamada, me recordó el dato de que lo nuestro fue hace 2 años (lo tenía yo muy olvidado), me pidió dramáticamente que no le hiciera recordarlo. Bendita descomplicación de su juventud. Voy confiado porque se enamoró de mí en uno de mis peores momentos (como amante), comprometido, ciego y dejado. Ahora mi aspecto es mucho más atlético y el mismo tono de mis brazos lo tengo en las ideas. Ahora le dije amablemente que podía por fin ser su amigo, pero sé que eso es mentir y me lo permito en aras de la experiencia amorosa. Como en la ficción, este tipo de licencias son sagradas.
He hecho por internet un test psicológico que mide el índice de pulsión sexual. De 0 a 100, mi índice es del 94. Siempre he sacado muy buenas notas. Extraigo algunos fragmentos:
Eres una persona inquieta en el plano sexual; hay dentro de ti un fuerte componente lúdico que expresas y desarrollas a base de inventiva, búsqueda de nuevas situaciones, y probablemente de nuevas personas con las que compartir los placeres y experiencias.
El sexo es para ti más que la simple satisfacción del deseo; es un fin en sí mismo. Mientras que para muchas personas supone una liberación, una descarga de la libido, para aquellos individuos con altas puntuaciones en esta variable es como un juego, del que se disfruta no sólo del resultado, sino de todo el proceso.
En tu comportamiento sexual hay un importante componente de osadía, de asunción de ciertos riesgos a cambio de atesorar una nueva experiencia.
Por último, hay latente en ti una cierta tendencia de egoísmo inconsciente.
Tu respuesta sexual ante las situaciones en las que intervienen consideraciones de tipo ético o moral es equilibrada.
He recuperado a alguien de mi pasado porque se parece a él, y porque hace dos años me envió por mail la misma canción que me envió él hace unos días, mi novísimo ex. El parecido entre personas siempre me fascina, sobretodo cuando no es sólo el físico, sino el carácter y acciones concretas, como enviarme a mí sólo una canción, y ambos la misma. También es cierto que otras muchas veces había fantaseado con recuperar a este ex amante, porque recuerdo con ternura que se enamoró de mí, y me lo explicó con su voz mágica de personaje de dibujos animados. Gracias a él también en parte, he podido no llorar.
Mañana nos veremos en la playa. No dudó ni un momento en acudir a mi llamada, me recordó el dato de que lo nuestro fue hace 2 años (lo tenía yo muy olvidado), me pidió dramáticamente que no le hiciera recordarlo. Bendita descomplicación de su juventud. Voy confiado porque se enamoró de mí en uno de mis peores momentos (como amante), comprometido, ciego y dejado. Ahora mi aspecto es mucho más atlético y el mismo tono de mis brazos lo tengo en las ideas. Ahora le dije amablemente que podía por fin ser su amigo, pero sé que eso es mentir y me lo permito en aras de la experiencia amorosa. Como en la ficción, este tipo de licencias son sagradas.
He hecho por internet un test psicológico que mide el índice de pulsión sexual. De 0 a 100, mi índice es del 94. Siempre he sacado muy buenas notas. Extraigo algunos fragmentos:
Eres una persona inquieta en el plano sexual; hay dentro de ti un fuerte componente lúdico que expresas y desarrollas a base de inventiva, búsqueda de nuevas situaciones, y probablemente de nuevas personas con las que compartir los placeres y experiencias.
El sexo es para ti más que la simple satisfacción del deseo; es un fin en sí mismo. Mientras que para muchas personas supone una liberación, una descarga de la libido, para aquellos individuos con altas puntuaciones en esta variable es como un juego, del que se disfruta no sólo del resultado, sino de todo el proceso.
En tu comportamiento sexual hay un importante componente de osadía, de asunción de ciertos riesgos a cambio de atesorar una nueva experiencia.
Por último, hay latente en ti una cierta tendencia de egoísmo inconsciente.
Tu respuesta sexual ante las situaciones en las que intervienen consideraciones de tipo ético o moral es equilibrada.
2008-07-10
tormento, mudanza, espera
Debería haber echado mano de mis dotes adivinatorias y haber escrito: no quiero leer las entradas futuras de este blog. Y aquí llamo adivinación a la pura estadística. ¿Hay más de dos posts hablando del mismo amor? Supongo que todos hablan del mismo, del mío. Hace falta una asignatura de educación sentimental en los colegios. ¿Hay posts que hablen de felicidad (y no confundamos el ego sobreestimulado con la felicidad)? Pues entonces, ¿para qué iba a querer leer todo lo que me queda?
Mi nuevo amor, el que encaja con el emblema A&E, me cortejó galantemente durante semanas, para al final lograrlo, para entonces cansarse, para entonces degradarme a una categoría cercana a la amistad que no quiero ni enunciar. Pero fue tan irrisoria que huí a uno de mis antros de perversión y me revolqué con unos cuantos desconocidos sin querer lo que hacía y sin dejar de pensar en el emisor de tanta desviación. Y lamentando la abyección de actuar despreciablemente por el desprecio de otro. Así que toda la belleza de nuestras primeras caricias se ha vuelto un contubernio de malos sentimientos y peores deseos, y no puedo desenredar ya puro y limpio mi sentimiento auténtico. Ahora su ausencia se me antoja desprecio, como sus muestras de amistad, como sus distancias, como sus días de descanso de mí, como su carencia de amor y de añoranza. Ahora la correspondencia sería un mínimo, y el curso natural de las historias es un insulto. Y de ahí no puedo salir, como parece que no puedo salir de esta casa que también me desprecia, como parece que no puedo salir de una personalidad preconfigurada para el fracaso de la soledad. No sé si voy a poder huir de todo lo que no me funciona sin huir completamente de mí. No sé si todas las personas estamos predestinadas a la felicidad, no creo que abandonar lo que hay te lleve a un inicio fresco y lleno de posibilidades de amor auténtico. No sé si hay amor auténtico, no sé si se acaba dejando de sentir cuando todo funciona, no sé si si no lo estropea uno lo estropea otro, no sé si hay que conformarse con lo que hay o reiniciar el ordenador.
Mi nuevo amor, el que encaja con el emblema A&E, me cortejó galantemente durante semanas, para al final lograrlo, para entonces cansarse, para entonces degradarme a una categoría cercana a la amistad que no quiero ni enunciar. Pero fue tan irrisoria que huí a uno de mis antros de perversión y me revolqué con unos cuantos desconocidos sin querer lo que hacía y sin dejar de pensar en el emisor de tanta desviación. Y lamentando la abyección de actuar despreciablemente por el desprecio de otro. Así que toda la belleza de nuestras primeras caricias se ha vuelto un contubernio de malos sentimientos y peores deseos, y no puedo desenredar ya puro y limpio mi sentimiento auténtico. Ahora su ausencia se me antoja desprecio, como sus muestras de amistad, como sus distancias, como sus días de descanso de mí, como su carencia de amor y de añoranza. Ahora la correspondencia sería un mínimo, y el curso natural de las historias es un insulto. Y de ahí no puedo salir, como parece que no puedo salir de esta casa que también me desprecia, como parece que no puedo salir de una personalidad preconfigurada para el fracaso de la soledad. No sé si voy a poder huir de todo lo que no me funciona sin huir completamente de mí. No sé si todas las personas estamos predestinadas a la felicidad, no creo que abandonar lo que hay te lleve a un inicio fresco y lleno de posibilidades de amor auténtico. No sé si hay amor auténtico, no sé si se acaba dejando de sentir cuando todo funciona, no sé si si no lo estropea uno lo estropea otro, no sé si hay que conformarse con lo que hay o reiniciar el ordenador.
2008-06-27
Madrid
Estar en Madrid y no ver a Roberto me habría parecido una contradicción lógica no hace mucho. Hace una semana. Aunque como me ha dicho hoy una amiga: "déjale creer que ha sido fiel porque Roberto no le ha contestado". Déjenme vivir, déjenmelo creer. Lo cierto es que le he llamado, sí, pero con muy poco convencimiento. Lo cierto es que no me ha querido contestar, cierto, pero justo ahora estaba preparado para que esto no me hundiera. Supongo que estaba equivocado cuando pensaba que era una gran persona que simplemente no quiso ser mi pareja. Seguramente es un follador miserable como somos todos en algunos momentos. O lo soy yo, y así me va. Pero hay algo muy nuevo.
En una canción he escuchado hoy estos versos: "Sigo mojando tu almohada con mi sudor / Sigo haciéndote creer en el amor". Se me ha encogido un pellizco en alguna parte del pecho, y no veo la razón, pero veo lo que pasa.
Creo que alguien me quiere, y me lancé a la aventura de darle amor. Al principio salió algo forzado. Pero hemos seguido pensando en nosotros desde esta distancia. Y puedo dudar, pero no puedo negar que me sigue haciendo creer en el amor, incluso en el mío. Nunca había tardado más en enamorarme que el otro. Nunca había sentido al acariciar a alguien por primera vez que su reacción podía ser una ola demasiado impetuosa. Pero la ola me ha envuelto cálidamente, y ahora sólo temo haber necesitado el calor por causas previas. Siempre creemos que lo previo es la causa, porque siempre que es la causa funciona, pero no siempre que es lo previo es la causa, y por eso la gente cree en dios, y yo temo que no lo merezca, cuando puede que lo merezca, y puede que ya esté viviendo el nuevo amor. Me gustaría poder leer ahora las próximas entradas del blog. Saber si va a haber continuidad, si vale la pena apostar. Pero luego lo pienso mejor... vale la pena apostar en cualquier caso. Si apostara con seguridad no sería amor. Si diera para ganar, no sería amor. El amor es proyectar sin medida y que el otro proyecte sin medida, y que sobren haces de luz alrededor.
En una canción he escuchado hoy estos versos: "Sigo mojando tu almohada con mi sudor / Sigo haciéndote creer en el amor". Se me ha encogido un pellizco en alguna parte del pecho, y no veo la razón, pero veo lo que pasa.
Creo que alguien me quiere, y me lancé a la aventura de darle amor. Al principio salió algo forzado. Pero hemos seguido pensando en nosotros desde esta distancia. Y puedo dudar, pero no puedo negar que me sigue haciendo creer en el amor, incluso en el mío. Nunca había tardado más en enamorarme que el otro. Nunca había sentido al acariciar a alguien por primera vez que su reacción podía ser una ola demasiado impetuosa. Pero la ola me ha envuelto cálidamente, y ahora sólo temo haber necesitado el calor por causas previas. Siempre creemos que lo previo es la causa, porque siempre que es la causa funciona, pero no siempre que es lo previo es la causa, y por eso la gente cree en dios, y yo temo que no lo merezca, cuando puede que lo merezca, y puede que ya esté viviendo el nuevo amor. Me gustaría poder leer ahora las próximas entradas del blog. Saber si va a haber continuidad, si vale la pena apostar. Pero luego lo pienso mejor... vale la pena apostar en cualquier caso. Si apostara con seguridad no sería amor. Si diera para ganar, no sería amor. El amor es proyectar sin medida y que el otro proyecte sin medida, y que sobren haces de luz alrededor.
2008-06-15
A&E
Me he malacostumbrado a la vía rápida, a sentir muy pronto el corazón muy apretado, a volar muy rápido sin ver el color del cielo, a caer y levantarme con rabia y negar que he caído y saltar otra vez al cielo que no me quiere acoger. El cielo está del color de la no acogida.
A veces he pensado que las alegrías se pagan muy caro. Ahora creo que en las remontadas el cuerpo está caliente y no ves que recorres la distancia (sobretodo si te empuja algún viento cálido), pero en las caídas se te clava el frío del vértigo mucho tiempo, porque nunca se llega al suelo, y en ese tiempo puedes seguir llorando que te alejas del cielo. El cielo no es del color que soñaste pero no vas a olvidar nunca aquel sueño.
Necesito que algo me encuentre. Prometo intentar dejar de insistir, prometo rebajar la velocidad, incluso intentaré mirar el color del cielo antes de saltar al aire otra vez... Prometo intentar no huir. Pero los que siempre queremos correr, corremos más corriendo detrás de los que huyen. Creer que quieres correr con alguien a tu lado, tanto tiempo, y empezar a sospechar que algo descarnado en tu interior es quien quiere, y sólo quiere seguir corriendo, y quiere alargar los dedos para tocar, y es demasiado violento para permitirse llegar. Cree que siempre habrá otro lugar más lejos de cada lugar. Que será más luminoso, más azul, que los que se van te van a descubrir, se van a dar la vuelta y van a exponer su pecho para que te estrelles en él.
A veces he pensado que las alegrías se pagan muy caro. Ahora creo que en las remontadas el cuerpo está caliente y no ves que recorres la distancia (sobretodo si te empuja algún viento cálido), pero en las caídas se te clava el frío del vértigo mucho tiempo, porque nunca se llega al suelo, y en ese tiempo puedes seguir llorando que te alejas del cielo. El cielo no es del color que soñaste pero no vas a olvidar nunca aquel sueño.
Necesito que algo me encuentre. Prometo intentar dejar de insistir, prometo rebajar la velocidad, incluso intentaré mirar el color del cielo antes de saltar al aire otra vez... Prometo intentar no huir. Pero los que siempre queremos correr, corremos más corriendo detrás de los que huyen. Creer que quieres correr con alguien a tu lado, tanto tiempo, y empezar a sospechar que algo descarnado en tu interior es quien quiere, y sólo quiere seguir corriendo, y quiere alargar los dedos para tocar, y es demasiado violento para permitirse llegar. Cree que siempre habrá otro lugar más lejos de cada lugar. Que será más luminoso, más azul, que los que se van te van a descubrir, se van a dar la vuelta y van a exponer su pecho para que te estrelles en él.
2008-05-24
Premio de consolación
Era mi nuevo amor, el que se acercó a mí en la oscuridad y me persiguió mientras yo lo evitaba despreocupadamente, sin ser consciente todavía de su belleza, hicimos el amor aún en esa inconsciencia, y al final se durmió entre mis brazos y ahí descubrí sus rasgos maravillosos y me enamoré. Luego insistió en volvernos a ver. Luego escribí aquí y me atreví a llamarle. La noche de ayer parecía no llegar nunca, y ahora la tengo clavada en un sitio que me impide respirar o llorar.
Me llevó a cenar y me costó hablarle, debía sobreponerme a su belleza a cada momento. Notaba miel en los latidos del corazón cuando se equivocaba y hacía una z en el lugar de una s con esos dientes de esa sonrisa sobria y perfecta. Pero se me congeló la miel en el corazón cuando dijo con tono serio "me ha encantado la conversación...": al final mi formación como lingüista sólo me servirá para adelantarme a las palabras dolorosas y sufrir desde unos morfemas atrás. Él había llegado a mi vida como unas líneas muy rectas y precisas, y ahora una de esas líneas era una espada en el lugar más profundo de mi inseguridad: "... pero no quiero nada más, no siento la atracción".
Me quedé sin palabras mucho tiempo. Sacó la espada lentamente con grumos de humillación tapando el brillo doloroso, o el dolor brillante. Me atreví a mirarle fijamente en silencio, ya fuera de la cortesía. Le pregunté qué imagen tenía de mí que ahora no viera. "No tiene explicación", significa "yo no voy a atreverme a hacerte el daño que necesitas para curarte".
Una tras otra caen mis ilusiones, tengo ganas de salir corriendo a alguna parte, a alguna parte donde yo no sea yo.
Me llevó a cenar y me costó hablarle, debía sobreponerme a su belleza a cada momento. Notaba miel en los latidos del corazón cuando se equivocaba y hacía una z en el lugar de una s con esos dientes de esa sonrisa sobria y perfecta. Pero se me congeló la miel en el corazón cuando dijo con tono serio "me ha encantado la conversación...": al final mi formación como lingüista sólo me servirá para adelantarme a las palabras dolorosas y sufrir desde unos morfemas atrás. Él había llegado a mi vida como unas líneas muy rectas y precisas, y ahora una de esas líneas era una espada en el lugar más profundo de mi inseguridad: "... pero no quiero nada más, no siento la atracción".
Me quedé sin palabras mucho tiempo. Sacó la espada lentamente con grumos de humillación tapando el brillo doloroso, o el dolor brillante. Me atreví a mirarle fijamente en silencio, ya fuera de la cortesía. Le pregunté qué imagen tenía de mí que ahora no viera. "No tiene explicación", significa "yo no voy a atreverme a hacerte el daño que necesitas para curarte".
Una tras otra caen mis ilusiones, tengo ganas de salir corriendo a alguna parte, a alguna parte donde yo no sea yo.
2008-05-21
Suceder
Suceder, han sucedido muchas cosas. En el sentido etimológico del término: han pasado una tras otra, hasta el punto de que mi corazón no ha tenido tiempo de dejarse atrapar por todas ellas y ha empezado a sentir algo próximo a la imperturbabilidad (obligada). Un amigo psicólogo del messenger dice que mi actitud es propia de personas que no han aceptado una pérdida, que es una actitud de desafío, de asumir riesgos inútiles con fines autodestructivos. Le dije que antes de que muriese mi hermano habían muerto muchos amores ya. Que no conozco otra actitud. Me dijo que es una fase que acabará, y que yo he de decidir cómo.
21:54. Mi idea es llamarle a las 22:00. Seis minutos, pero sé que puedo alargarlos. Tengo el corazón vibrando en el cuello. De todo lo que ha sucedido (y está por suceder) sólo una cosa dulce: A.Br. Es probable que acabe marchando como los demás, pero hasta entonces el pecho no tendrá descanso. Lo que todavía no está perdido me lo hace latir. El resto, casi todo, lo he perdido, o he perdido, si lo vemos en términos de enfrentamiento. Las cosas no han acabado siendo réplicas de mi deseo. Pero no tenían por qué, y eso me tranquiliza. Por fin estoy aprendiendo la asignatura de dejar ir unas cosas y aceptar el venir de otras nuevas.
21:59. Lo voy a retrasar. Me muero de angustia pero estoy vivo. Cuando coja el teléfono y oiga su acento francés al otro lado, al menos tendré la oportunidad de fallar y perderlo yo mismo. No me lo quitará la vida mientras duermo o mientras sueño que disfruto en algún lugar oscuro.
Ha habido una muerte, ha habido sexo indescriptible, me he atrevido a reencontrarme con pasiones que me dolieron, ha aparecido un nuevo amor, se acerca el desenlace de mi vida en pareja y mis lectores han dejado de leerme. Cuando ha estado más interesante no he escrito y no he sido leído. En el espacio negro que separa esta entrada de las anteriores mi corazón ha estado muy vivo, pero no ha podido pensar.
22:03. Voy a llamarle.
21:54. Mi idea es llamarle a las 22:00. Seis minutos, pero sé que puedo alargarlos. Tengo el corazón vibrando en el cuello. De todo lo que ha sucedido (y está por suceder) sólo una cosa dulce: A.Br. Es probable que acabe marchando como los demás, pero hasta entonces el pecho no tendrá descanso. Lo que todavía no está perdido me lo hace latir. El resto, casi todo, lo he perdido, o he perdido, si lo vemos en términos de enfrentamiento. Las cosas no han acabado siendo réplicas de mi deseo. Pero no tenían por qué, y eso me tranquiliza. Por fin estoy aprendiendo la asignatura de dejar ir unas cosas y aceptar el venir de otras nuevas.
21:59. Lo voy a retrasar. Me muero de angustia pero estoy vivo. Cuando coja el teléfono y oiga su acento francés al otro lado, al menos tendré la oportunidad de fallar y perderlo yo mismo. No me lo quitará la vida mientras duermo o mientras sueño que disfruto en algún lugar oscuro.
Ha habido una muerte, ha habido sexo indescriptible, me he atrevido a reencontrarme con pasiones que me dolieron, ha aparecido un nuevo amor, se acerca el desenlace de mi vida en pareja y mis lectores han dejado de leerme. Cuando ha estado más interesante no he escrito y no he sido leído. En el espacio negro que separa esta entrada de las anteriores mi corazón ha estado muy vivo, pero no ha podido pensar.
22:03. Voy a llamarle.
2008-03-30
Dentro del silencio hay algo
Todo ha vuelto a una relativa calma, pero en el silencio siempre hay algo, ya sea el vacío modelado que deja lo que ha sonado antes, ya sea un rumor interno independiente que desprende el pensamiento, ya sean las causas desnudas de todo lo que somos. Ya lloré de miedo de perderlo, ya me quedé de piedra de saberlo perdido, ya perdí todas las ilusiones y esperé, y luego tuve que recuperar algunas por puro cansancio de haberlas perdido, y poco a poco me adapto a pensar que algo nuevo llegará, como si algo nuevo necesitara ser mejor... al menos supongo que espero que lo nuevo que llegue llegue directo para mí. Porque jugar al perro y el gato con la felicidad me hace sentirme humillado. Creía que la merecía sólo por existir.
Las dos neuronas que todavía esperaban alguna noticia suya se vieron recompensadas. Me llegó algo parecido a una excusa. Dejé pasar el tiempo prudencial para que ambos creamos que no lo estaba necesitando, y entonces le contesté que de nada servía excusarse, que parece ser parte de su forma de ser ignorar a quien le quiere. Respondió una vez más, algo ofendido tal vez, que efectivamente, disfruté de su carne y luego sólo habría más carne. Hoy le he contestado a eso: que, si acaso, disfruté muy relativamente. Me ha dicho que no sea malo, le he mentido diciendo que no iba en serio, hemos dejado todo en el lugar donde estaba antes de su viaje, y ahora ansío que me explique tranquilamente qué ha ocurrido, qué pasa conmigo, y por qué ser especial (su propia palabra) tiene que alejarme necesariamente de él. Como era de esperar, una salida civilizada a tanto retorcimiento artificial creado por mi fantasía. Ahora se aleja de mí en un tren de alta velocidad.
Igual que en el ámbito académico, mi prosa no me satisface. Tienen razón mis detractores, es barroca y afrancesada. Por mucho que admire el estilo sintético, mis frases siempre se pierden en giros expresivos. Alargo y fuerzo la entonación para que se noten las curvas. Pero eso repele y es contraproducente. Pero si resumo, todo es muy sencillo: nadie da lo que busco. Y menos al precio que yo daría a cambio. Qué frío esto, qué poco literario, igual que la llamada que he tenido hoy con él, qué aburrida. Lo expreso para equilibrar el apasionamiento de los días anteriores. El ir y venir se ha convertido en un verbo estativo. Esos dan muchos problemas a la lógica.
Las dos neuronas que todavía esperaban alguna noticia suya se vieron recompensadas. Me llegó algo parecido a una excusa. Dejé pasar el tiempo prudencial para que ambos creamos que no lo estaba necesitando, y entonces le contesté que de nada servía excusarse, que parece ser parte de su forma de ser ignorar a quien le quiere. Respondió una vez más, algo ofendido tal vez, que efectivamente, disfruté de su carne y luego sólo habría más carne. Hoy le he contestado a eso: que, si acaso, disfruté muy relativamente. Me ha dicho que no sea malo, le he mentido diciendo que no iba en serio, hemos dejado todo en el lugar donde estaba antes de su viaje, y ahora ansío que me explique tranquilamente qué ha ocurrido, qué pasa conmigo, y por qué ser especial (su propia palabra) tiene que alejarme necesariamente de él. Como era de esperar, una salida civilizada a tanto retorcimiento artificial creado por mi fantasía. Ahora se aleja de mí en un tren de alta velocidad.
Igual que en el ámbito académico, mi prosa no me satisface. Tienen razón mis detractores, es barroca y afrancesada. Por mucho que admire el estilo sintético, mis frases siempre se pierden en giros expresivos. Alargo y fuerzo la entonación para que se noten las curvas. Pero eso repele y es contraproducente. Pero si resumo, todo es muy sencillo: nadie da lo que busco. Y menos al precio que yo daría a cambio. Qué frío esto, qué poco literario, igual que la llamada que he tenido hoy con él, qué aburrida. Lo expreso para equilibrar el apasionamiento de los días anteriores. El ir y venir se ha convertido en un verbo estativo. Esos dan muchos problemas a la lógica.
2008-03-29
Martyr
I've been a martyr for love
I need to be by your side
I have knelt at your feet
I have felt your deceit
Couldn't leave if I tried
I've been a martyr for love
Tortured every hour
From the day I was born
I've been moved like a pawn
By the greatest of powers
I knew that I would have to suffer in vain
A way that I would never outgrow the pain
Depeche Mode, Martyr
Encontré esta música fortuitamente la misma tarde del día en que iba a conocerle. Por su ritmo encajaba con la violencia de mis acciones en pos de él, por su letra encajaba con mi sumisión al sentimiento que despertó hace tres semanas con sus palabras escritas en mi pantalla.
No fue fácil llegar hasta él. Cuando lo logré, lo primero que me dijo es que nunca me había creído capaz de plantarme allí, en su hotel, de noche, solo. Que le parecía valiente. Podría haberle citado a Lope de Vega: donde el premio es mucho, el atrevimiento es poco, pero no se me ocurrió en ese momento. Leí esta frase y la memoricé con menos de 18 años, y hasta ahora no había vuelto a verle tan claramente el sentido. Llevaba casi diez años pues alejado de la locura de un amor de esta magnitud.
Me gustó su actitud sobria, su peso específico, su chulería, sus provocaciones, el cariño sólido de sus brazos enormes en mi cuerpo. No puedo perder el tiempo definiendo más: era el hombre perfecto llegado a mí después del proceso perfecto, una vez conseguido mi amor por medio de su sensibilidad. Increíble. Demasiado bonito para ser real. Tan demasiado bonito, que después de pasar la noche dando vueltas en la cama para tocarlo mejor, después de sus bonitas palabras, de mostrar su interés en verme estos días que le quedan en B., después de despedirse cálidamente con su beso y decirme que podría cenar ese mismo día con él y sus amigos, recorrí toda la costa de la ciudad mirando el cielo gris reflejado en el mar, miré atrás a la ventana exacta del edificio del hotel tras la cual había sido feliz, intenté memorizar las sensaciones y aún así al mismo tiempo se me abría un agujero en el pecho por donde caía pesadamente una sangre densa de angustia porque tenía el convencimiento irracional, pero asentado como lingotes de acero en algún compartimento estanco de mi lógica, que había probado un paraíso que nunca sería para mí.
La falta de sueño podía explicar el pesimismo, tan incoherente con los indicios reales de que disponía. Le dije que me llamase él si quería verme, y así yo no me haría pesado en el caso de que no quisiera hacerlo. El móvil que me prestó mi ex se estaba quedando sin batería y tenía la presión de volver a casa a cargarlo, dormir, limpiar y tratar de convencerlo para que tras la cena con sus amigos viniera a dormir conmigo otra vez. Parecía lo que él quería, aunque yo ya supiera que no iba a ocurrir nunca, y que ese lingote de satisfacción estaba fundiéndose y saliéndome por el pecho (después de quemarme las venas). La palabra angustia es muy débil: esto era una mutilación entre el esfuerzo de aferrarme al recuerdo del placer pasado entre sus brazos y la tensión de preparar y hacer lo mejor posible lo que estuviera por venir.
Por eso no podía dormir, y por eso cuando me quedé dormido por fin y desperté a las 12 de la noche, demasiado tarde ya, y vi que no me había llamado, y le llamé yo y me dijo que ya no nos íbamos a ver más, cerré los ojos (aunque ya los tenía cerrados, los cerré más, o de otra manera) y le confesé como un niño que me había gustado mucho, y él se deshizo de mí con toda la elegancia que pudo (poca), y nos despedimos sabiendo que ya estaba todo hecho. Aunque dijo que hablaríamos hoy, y yo todavía tengo un par de neuronas deseando oír sonar el teléfono, yo le dije un abrazo y adiós, y no creo que él tenga ni un par de neuronas molestándose en sentir, imaginar o recordar ese abrazo que yo habría deseado permanente (eterno me ha parecido demasiado cursi incluso para esta situación). Había llorado por la tarde, cuando todavía pensaba que tendría más ocasiones para intentar seducirlo y fracasar. Cuando supe que el fracaso ya era patente, me quedé frío, y en ese lado del pecho donde había estado sintiendo calambres y retumbos ahora sólo sentía vacío. Esto no es una metáfora: estoy asustado por cómo me sentí el pecho después de despedirnos, porque no había nada, y me puse la mano encima y me paré a escuchar en el silencio y seguía sin haber nada. Lo que había estado doliendo era la duda y el deseo, no el amor, el amor está debajo y es muy diferente. Si se le despoja de esperanza y duda, si pierde la carne, es un hueso pálido que ahora estoy entreviendo con la mente y tiene una forma horrible que no me atrevo a imaginar completa. Es un espectro cancerígeno que la evolución nos puso dentro para que nos fuera matando poco a poco y nos espoleara a la acción. No quiero descubrir más porque voy a pasar dos días en soledad y no quiero añadir el terror a la tristeza.
2008-03-26
En el centro de lingüística teórica
Ayer fui con F. (also known as 32) a un lugar que me gustaría describir en términos costumbristas. Un sitio sórdido y tenebroso donde algunos hombres amables nos agredimos tórridamente. Fuimos porque él se preguntaba si su amor lo ignora tanto porque en realidad busca tomate con otros hombres, o si es sólo porque es un cobarde panoli indeciso. Yo pensé que Ro., que llegó ayer de viaje a la ciudad de B., podría acabar también en un sitio así (y en ese, concretamente), y que eso explicaría parcialmente su insultante propuesta de dedicarme el día del viernes cuando lleva aquí muchos más. Ro. es mi nuevo amor, aquel que nunca consideré amorable porque había demasiado entendimiento en nuestras conversaciones (debo de haberlo perdido para haber mordido la manzana por él ahora). La semejanza con Ra. es sólo una inicial y la intensidad de la devoción.
No me gusta cazar en grupo, soy un gato solitario y paciente. Pero ayer mi examante (pero todavía compañero) se asomó a un cubículo donde parecía estar ocurriendo algo interesante. Algunos de mis candidatos a presa se arremolinaron alrededor, por eso la curiosidad pudo más que mi fobia al contacto grupal. Lo que vi dentro me pareció una forma de agresión lo bastante humillante a un sujeto lo bastante decente como para que se desatase mi actuación. En un extraño arranque de lucidez, el desconocido B que estaba allí desde el principio comprendió que no estaba cualificado para mantener el calor de la situación y desapareció. Le ordené a mi ex que entrase (por no decirle que se fuese) y cerré la puerta detrás de mí. Muchas veces he estado en situación de sumisión sin atreverme a expresar mis deseos más oscuros: ahora sé reconocer cuándo un tiazo está suplicando dolor y autoridad. Autoridad a mí ayer me sobraba, porque es el impulso resultante del retorcimiento de insatisfacciones que llevo dentro y que desordena este blog. Y es una fuerza curadora: si te atreves a quemarte se esfuman muchas cuerdas que te atan y te retuercen. Eché del lugar a mi ex cuando quiso convertirse en espectador, y acabé mi trabajo con tranquilidad (y maestría, me permitiría decir) con aquél sujeto sumiso que quizá ahora escribe un blog y habla encantado de una experiencia irrepetible con un icono de la dominación, al que le habría puesto un nombre de dos letras y un punto si yo se lo hubiera dado (no lo hice porque quiero a Ro.). Intento devolver al mundo lo bueno que me da, y suplantar a Ra. me ayuda a olvidar progresivamente su guerra en paz, cada uno da, lo que recibe, luego recibe lo que da, nada es más simple, no hay otra norma, nada se pierde, todo se transforma.
Ahora creo que estas experiencias me permitirán no juzgar negativamente a Ro. cuando se alíe con la realidad en la negación parcial de mis deseos. Si me duele la infidelidad o el no amor, lo recordaré.
No me gusta cazar en grupo, soy un gato solitario y paciente. Pero ayer mi examante (pero todavía compañero) se asomó a un cubículo donde parecía estar ocurriendo algo interesante. Algunos de mis candidatos a presa se arremolinaron alrededor, por eso la curiosidad pudo más que mi fobia al contacto grupal. Lo que vi dentro me pareció una forma de agresión lo bastante humillante a un sujeto lo bastante decente como para que se desatase mi actuación. En un extraño arranque de lucidez, el desconocido B que estaba allí desde el principio comprendió que no estaba cualificado para mantener el calor de la situación y desapareció. Le ordené a mi ex que entrase (por no decirle que se fuese) y cerré la puerta detrás de mí. Muchas veces he estado en situación de sumisión sin atreverme a expresar mis deseos más oscuros: ahora sé reconocer cuándo un tiazo está suplicando dolor y autoridad. Autoridad a mí ayer me sobraba, porque es el impulso resultante del retorcimiento de insatisfacciones que llevo dentro y que desordena este blog. Y es una fuerza curadora: si te atreves a quemarte se esfuman muchas cuerdas que te atan y te retuercen. Eché del lugar a mi ex cuando quiso convertirse en espectador, y acabé mi trabajo con tranquilidad (y maestría, me permitiría decir) con aquél sujeto sumiso que quizá ahora escribe un blog y habla encantado de una experiencia irrepetible con un icono de la dominación, al que le habría puesto un nombre de dos letras y un punto si yo se lo hubiera dado (no lo hice porque quiero a Ro.). Intento devolver al mundo lo bueno que me da, y suplantar a Ra. me ayuda a olvidar progresivamente su guerra en paz, cada uno da, lo que recibe, luego recibe lo que da, nada es más simple, no hay otra norma, nada se pierde, todo se transforma.
Ahora creo que estas experiencias me permitirán no juzgar negativamente a Ro. cuando se alíe con la realidad en la negación parcial de mis deseos. Si me duele la infidelidad o el no amor, lo recordaré.
2008-03-17
¿Cuánto tiempo hace que no te follas algo que no sea sólo un trozo de carne?
He pasado más días de lo normal sin ir a buscar cariño, pasión, devoción o cualquier otra forma de obstáculo que podamos considerar sexo, porque tenía que acabar un trabajo largo e importante (pero malo y anodino). Lo bueno de los plazos es que llegan, y entonces fui a buscar todo eso de antes, y no lo encontré en mi interior. Y lo que no tienes dentro no está fuera, porque lo de fuera está encerrado ahí fuera y ya podemos hacernos a la idea de que no existe. Nanai de la china, que es una frase que nunca había visto escrita. No sé si se habrá secado el río o es que no dormí bien el día de antes, o es que después de Ra. la gente se ha vuelto sosa y fría como un pulpo mal cocinado, que es lo que son algunos (al lado de Ra., todos). Sí, todavía sigo fantaseando con él de día y de noche, y lo malo es que en algún punto existe, y cree que tiene una existencia normal cuando es un icono ya. Quién no desea ya a Ra.
Tengo a alguien que me escribe por internet, y se ríe conmigo y es cariñoso, y aunque está sobradamente preparado para ser un icono a la altura de los americanos, no sé por qué, su cariño y complicidad me lo alejaban, incluso estuvo aquí de viaje y no me atreví a llamarle. Como si ya supiera que el ciclo se iba a ir acabando y que en aquel momento todo lo que caía en mi boca se corrompía y adiós. Excepto Ra., que ya de entrada estaba corrompidísimo y adiós. Y ahora con este amigo virtual llega algo peor que sentir el frío calando hasta apagar la capa de satisfacción, ahora me sale algo desde dentro y si me vieran con una cámara térmica creo que parecería una medusa boca arriba, extendiendo los tentáculos con angustia en el vacío, anticipándome a recoger lo que creo que va a ser mío. Sí, sí, amor, con las cinco letras, con la mala imagen asociada, con su legión de no creyentes desengañados, con su tonito cursi, con el corazón horrible que lo iconiza, con el color rojo de labio partío y los días de san valentín y el ángel ridículo que te clava una flecha, con todas las canciones de Camela y las que no son Camela, y las que son mucho peores que Camela, con todos los gitanos de mercadillo con cinco churumbeles sucios. Del que miras por la ventana y suspiras y no es por la mierda del cristal, del que te levantas y te vuelves a sentar y abres la nevera y no la cierras sin comerte alguna porquería engordante. Del que tus amigos te miran con lástima o te critican el blog, del que te queda la tortilla dulce, del que das asco porque un día el cielo se pone de color azul brillante y tú lo miras y crees que eres un trozo de él y los que te ven entienden que es verdad.
EDITADO: ¿Por qué habré dicho que "amor" tiene cinco letras?
Tengo a alguien que me escribe por internet, y se ríe conmigo y es cariñoso, y aunque está sobradamente preparado para ser un icono a la altura de los americanos, no sé por qué, su cariño y complicidad me lo alejaban, incluso estuvo aquí de viaje y no me atreví a llamarle. Como si ya supiera que el ciclo se iba a ir acabando y que en aquel momento todo lo que caía en mi boca se corrompía y adiós. Excepto Ra., que ya de entrada estaba corrompidísimo y adiós. Y ahora con este amigo virtual llega algo peor que sentir el frío calando hasta apagar la capa de satisfacción, ahora me sale algo desde dentro y si me vieran con una cámara térmica creo que parecería una medusa boca arriba, extendiendo los tentáculos con angustia en el vacío, anticipándome a recoger lo que creo que va a ser mío. Sí, sí, amor, con las cinco letras, con la mala imagen asociada, con su legión de no creyentes desengañados, con su tonito cursi, con el corazón horrible que lo iconiza, con el color rojo de labio partío y los días de san valentín y el ángel ridículo que te clava una flecha, con todas las canciones de Camela y las que no son Camela, y las que son mucho peores que Camela, con todos los gitanos de mercadillo con cinco churumbeles sucios. Del que miras por la ventana y suspiras y no es por la mierda del cristal, del que te levantas y te vuelves a sentar y abres la nevera y no la cierras sin comerte alguna porquería engordante. Del que tus amigos te miran con lástima o te critican el blog, del que te queda la tortilla dulce, del que das asco porque un día el cielo se pone de color azul brillante y tú lo miras y crees que eres un trozo de él y los que te ven entienden que es verdad.
EDITADO: ¿Por qué habré dicho que "amor" tiene cinco letras?
2008-03-09
No más
En una página de contactos en la que estoy registrado seleccioné la zona de Tarragona y en la tercera entrada había un tal Ra. (salía el nombre entero), de exactamente mi edad, que se autoproclamaba bastante atractivo, con fotos de un pecho que perfectamente podía ser de él. Le escribí y no ha contestado a día de hoy, aunque a veces he visto que ha estado conectado después.
Hace sólo dos días, una noticia en el periódico hablaba de un muerto en carretera. Se llamaba Ra. (salía el nombre entero en el periódico) y otras dos iniciales, después de chocar su cuerpo había salido despedido, quedó inconsciente en el asfalto y fue atropellado. El lugar era una comarca que se encuentra entre T. y B. Tenía exactamente mi edad.
Cada vez estoy más convencido de que nuestra atención pone orden en el caos y aparecen dibujados sentidos donde no los hay. Así ha funcionado siempre y desde siempre hay quien ha querido ver sólo las líneas que unen los puntos. Los puntos son la casualidad y las líneas dibujan a dios, pero es como pensar que cuando tiras una piedra en el lago los círculos en la superficie son retratos del sol. No lo son con intención, y al mismo tiempo en cierto sentido lo son. Sólo nos enseñan la forma de la conciencia que proyecta imágenes sobre la naturaleza muerta porque es como ella muy en lo hondo.
La semana que he dejado muerta desde la anterior ha sido de desánimo y pesimismo. No apareció Ra. ni ningún otro. Todo estaba yendo mal y fue mal hasta el final. Luego en mi trabajo tuve una enorme crisis de fe. No le veo el sentido a nada. Me siento incapaz para conocer a alguien, incapaz de mantener el interés, incapaz de producir soluciones, de vivir en el momento preciso y no anclado a recuerdos de placer o a previsiones de éxito. Siempre he tenido olvidado el presente y cuanto mayor me hago más claro se me hace que todo lo que tengo es un apremiante presente. Todo lo otro es sólo humo.
Es probable que este próximo mes Miami reaparezca del recuerdo y se me plante aquí. Tan improvisadamente como aparece en esta entrada donde no se le esperaba me enteré de la noticia. Había empezado a olvidarlo por completo y el anuncio me dejó frío. Ahora no sé si puedo desenterrar emociones. Ahora será artificial, o no será tal vez.
Habrá un antes y un después de Ra., y de los dos americanos y de Miami. Porque el camino del exceso tiene ahí su límite, al menos lo tiene si algo no llega antes y me levanta los pies del suelo.
Hace sólo dos días, una noticia en el periódico hablaba de un muerto en carretera. Se llamaba Ra. (salía el nombre entero en el periódico) y otras dos iniciales, después de chocar su cuerpo había salido despedido, quedó inconsciente en el asfalto y fue atropellado. El lugar era una comarca que se encuentra entre T. y B. Tenía exactamente mi edad.
Cada vez estoy más convencido de que nuestra atención pone orden en el caos y aparecen dibujados sentidos donde no los hay. Así ha funcionado siempre y desde siempre hay quien ha querido ver sólo las líneas que unen los puntos. Los puntos son la casualidad y las líneas dibujan a dios, pero es como pensar que cuando tiras una piedra en el lago los círculos en la superficie son retratos del sol. No lo son con intención, y al mismo tiempo en cierto sentido lo son. Sólo nos enseñan la forma de la conciencia que proyecta imágenes sobre la naturaleza muerta porque es como ella muy en lo hondo.
La semana que he dejado muerta desde la anterior ha sido de desánimo y pesimismo. No apareció Ra. ni ningún otro. Todo estaba yendo mal y fue mal hasta el final. Luego en mi trabajo tuve una enorme crisis de fe. No le veo el sentido a nada. Me siento incapaz para conocer a alguien, incapaz de mantener el interés, incapaz de producir soluciones, de vivir en el momento preciso y no anclado a recuerdos de placer o a previsiones de éxito. Siempre he tenido olvidado el presente y cuanto mayor me hago más claro se me hace que todo lo que tengo es un apremiante presente. Todo lo otro es sólo humo.
Es probable que este próximo mes Miami reaparezca del recuerdo y se me plante aquí. Tan improvisadamente como aparece en esta entrada donde no se le esperaba me enteré de la noticia. Había empezado a olvidarlo por completo y el anuncio me dejó frío. Ahora no sé si puedo desenterrar emociones. Ahora será artificial, o no será tal vez.
Habrá un antes y un después de Ra., y de los dos americanos y de Miami. Porque el camino del exceso tiene ahí su límite, al menos lo tiene si algo no llega antes y me levanta los pies del suelo.
2008-02-23
Ra. de Tarragona
Ayer la cosa no iba bien. Un inglés joven y esbelto se interesó por mí pero cuando fui a besarle el cuello se asustó y huyó. Normalmente se asustan con cosas más elaboradas. Por más que interés en él era especulativo, el rechazo minó estúpidamente mi seguridad por un tiempo. Luego apenas aparecieron medianías.
Hasta que llegó Ra. con una apariencia buenísima y una sorpresa muy interesante. Sabía dominarme. Dominarme puede ser fácil. Más de un impertinente me ha llamado sumiso alguna vez. La magia está en volverme loco con una dominación lo bastante dura, y al mismo tiempo inspirar una base de confianza sólida. No tardó en tenerme sometido con toda la devoción, y su expresión de estupor de satisfacción era deliciosa. Obviamente le estaba dominando yo, porque llevaba la iniciativa, pero no abundo en la idea porque daría sensación de estarme justificando. Y para nada lo necesito, para nada lo pretendo, y para nada lo quisiera, porque mostrarse depravado sin pudor forma parte de la grandeza y la seguridad que comportan la humillación y la sumisión.
El gran Ra. no se asustó ni por los besos, ni por los extremos a los que fui llegando. Algunos los acataba con obediencia, otros los cumplía sin que yo lo hubiera pedido. Alguno adivinó que me gustaría sin que yo lo hubiera ni sospechado. Sus frases cortantes me enloquecían. Me expresó su placer también hablando. Nos preguntamos por nosotros, nos acariciamos, incluso nos acariciamos las manos, que es lo más impudoroso que dos hombres pueden hacer en la oscuridad, mucho peor que todo lo demás. Le quería pedir que nos volviéramos a ver, pero dijo que volvería después de un rato y le perdí la pista, y no sé si me buscó o si se durmió en alguna parte, pero yo lo busqué durante horas, llamé a puertas, interrumpí escenas, incluso lo busqué en otros, pero cuando el principal atributo de un hombre es su comportamiento, hay que cuidarse mucho más de dejarlo escapar. Es lo que aprendí tristemente.
A veces mi gato captura algún reptil y juega con él sádicamente. Lo deja escapar para rastrearlo y capturarlo de nuevo. La da vueltas con sus garras y lo coge suavemente entre los colmillos. Hasta que se deja llevar por la emoción y se lo come. Lo mastica, y un segundo después lo vuelve a buscar donde estaba, donde lo vio por última vez, y va ampliando el radio de búsqueda, sinceramente sorprendido. Algún mecanismo improvisado de su cerebro del tamaño de una nuez le hace relacionar el entorno con su presa. Acabar con ella no le ha satisfecho. Porque otro mecanismo improvisado de su cerebro del tamaño de una nuez le hace disfrutar más de la ilusión que del placer. Vuelve al momento en que jugaba con su ilusión, lo proyecta en los objetos que rodeaban aquellos momentos, las baldosas con pequeñas huellas de lagarto son imagen de un deleite que el cerebro, aunque del tamaño de una nuez, no quiere olvidar. Algunas cosas nos intoxican de recuerdo los circuitos neuronales, y entonces buscas en las paredes, revives los momentos, se te hace un nudo en la garganta y al final tu visión se embarra y tiembla y se desprende líquidamente porque algo se ha arrancado y has quedado tú solo, o con algo menos tal vez.
Hasta que llegó Ra. con una apariencia buenísima y una sorpresa muy interesante. Sabía dominarme. Dominarme puede ser fácil. Más de un impertinente me ha llamado sumiso alguna vez. La magia está en volverme loco con una dominación lo bastante dura, y al mismo tiempo inspirar una base de confianza sólida. No tardó en tenerme sometido con toda la devoción, y su expresión de estupor de satisfacción era deliciosa. Obviamente le estaba dominando yo, porque llevaba la iniciativa, pero no abundo en la idea porque daría sensación de estarme justificando. Y para nada lo necesito, para nada lo pretendo, y para nada lo quisiera, porque mostrarse depravado sin pudor forma parte de la grandeza y la seguridad que comportan la humillación y la sumisión.
El gran Ra. no se asustó ni por los besos, ni por los extremos a los que fui llegando. Algunos los acataba con obediencia, otros los cumplía sin que yo lo hubiera pedido. Alguno adivinó que me gustaría sin que yo lo hubiera ni sospechado. Sus frases cortantes me enloquecían. Me expresó su placer también hablando. Nos preguntamos por nosotros, nos acariciamos, incluso nos acariciamos las manos, que es lo más impudoroso que dos hombres pueden hacer en la oscuridad, mucho peor que todo lo demás. Le quería pedir que nos volviéramos a ver, pero dijo que volvería después de un rato y le perdí la pista, y no sé si me buscó o si se durmió en alguna parte, pero yo lo busqué durante horas, llamé a puertas, interrumpí escenas, incluso lo busqué en otros, pero cuando el principal atributo de un hombre es su comportamiento, hay que cuidarse mucho más de dejarlo escapar. Es lo que aprendí tristemente.
A veces mi gato captura algún reptil y juega con él sádicamente. Lo deja escapar para rastrearlo y capturarlo de nuevo. La da vueltas con sus garras y lo coge suavemente entre los colmillos. Hasta que se deja llevar por la emoción y se lo come. Lo mastica, y un segundo después lo vuelve a buscar donde estaba, donde lo vio por última vez, y va ampliando el radio de búsqueda, sinceramente sorprendido. Algún mecanismo improvisado de su cerebro del tamaño de una nuez le hace relacionar el entorno con su presa. Acabar con ella no le ha satisfecho. Porque otro mecanismo improvisado de su cerebro del tamaño de una nuez le hace disfrutar más de la ilusión que del placer. Vuelve al momento en que jugaba con su ilusión, lo proyecta en los objetos que rodeaban aquellos momentos, las baldosas con pequeñas huellas de lagarto son imagen de un deleite que el cerebro, aunque del tamaño de una nuez, no quiere olvidar. Algunas cosas nos intoxican de recuerdo los circuitos neuronales, y entonces buscas en las paredes, revives los momentos, se te hace un nudo en la garganta y al final tu visión se embarra y tiembla y se desprende líquidamente porque algo se ha arrancado y has quedado tú solo, o con algo menos tal vez.
2008-02-16
"Presa" de decisiones
Noté que subía el nivel del agua y percibí una silueta inmensa. Abrí los ojos. Vi al hombre más bestial del mundo y él me sonrió seductoramente. Volví a cerrar los ojos.
Volví a abrirlos, volvió a hacerme un gesto, empecé a sentir el pulso agridulce de estas situaciones. Si empiezo a interesarme puede aceptarme, pero puede rechazarme. La mala opción tiene un peso cambiante y va fluctuando entre compensar o no a la buena. Le miro tímidamente, vuelve a hacerme un gesto simpático. Los kilos de músculos alrededor de sus brazos no le impiden ser afable y cordial. Su sonrisa es un cuadro paisajístico de algún paraíso prometido. Se van los demás.
Llega otro hombre. Ni lo miro, para denotar interés exclusivo hacia el primero. Él sí lo mira, ya se conocen, se hablan, se refieren a mí, me miran, el nuevo se presenta a sí mismo y al otro. Son de Estados Unidos, el lugar exacto lo pierdo, no tanto por el ruido de las burbujas como por el estupor. El nuevo se merece también toda mi devoción pero después de ver al primero se me queda corto. Borra totalmente la impresión del último adjetivo cuando emerge y se planta delante de mí autoritariamente. También borra mi actitud contemplativa, porque paso a la acción. Las manos del primero, detrás de mí, repasan los contornos de mi silueta en las tres dimensiones, para recordarme, porque lo necesito, que sigo teniendo presencia material y no me he expandido como luz.
El otro día leí un artículo acerca de optimización de recursos mentales (se acerca la crisis de los treinta; en quince años empezaré a creer en dios). Al parecer, es muy positivo reducir el tiempo de toma de decisiones. Alargarlo disemina nuestra capacidad de disfrutar la opción elegida, y amplía las posibilidades de arrepentimiento, pues consideramos demasiado las opciones que no tomaremos. Hay que ser rápido y disfrutar, hay que actuar.
Llegó algún espectador inoportuno y el que llevaba la voz cantante me ofreció galantemente trasladarnos a una habitación. Me preguntó: ¿quieres que venga mi amigo también?
Primer impulso: "tu amigo solamente"
Segundo impulso: "tu amigo especialmente"
Respuesta correcta: "sí, y tanto"
Respuesta final: "sí"
Así estuvo bien porque el que ordenaba parecía tener un dominio absoluto sobre mi presa. De algo me tiene que servir haber hecho lo mismo hace un par de años con mi pareja: cualquier tercero que no actuara de acuerdo a mis criterios se quedaba sin probar a uno y a otro. Esto se llama dominación extendida.
Se cerró la puerta (pasiva refleja). Dos hombres altísimos, musculados, masculinos y conchabados, y yo pequeño, blanco, inocente, entre ambos. No en el espacio entre ambos, sino en la ausencia de espacio entre ambos. No detallo aquí las prácticas. Pero bastará con lo siguiente: lo hicimos todo. No quedó nada por hacer.
Mientras el dominador ejecutaba cruelmente (lo cual hubiera bastado para llevarme al cielo), mi maravilloso saco de músculos me servía de dulce colchón para todo mi cuerpo, y sus labios y su sonrisa o su sonrisa y sus labios me anestesiaban el alma con la única cosa que es mejor que el placer:
-Primer impulso: "el amor"
-Primera correción: "la fantasía"
-Segunda correción: "la ilusión"
-Solución descriptiva: "promesa alegórica de mundos posibles donde su sonrisa, sus labios y mis labios y mi vida pudieran fusionarse y ser la misma cosa: definida, bella, segura, y arrebatadora".
El dominante se dio por satisfecho y se fue no sin antes darme las gracias, regalarme una de sus sonrisas diagonales, darle un par de órdenes a su amante y una a mí: que bloqueara la puerta. Me confiaba sólo a mí su amante. Y ahora le daría mil vueltas a las palabras de la última frase porque en cualquier orden y combinación me valdría (la sintaxis domina nuestra mente pero existen reductos incontrolables de conceptos empaquetados que prevalecen indomables; sólo hace falta una realidad detonante para intuirlas durante un momento efímero, y se descubre que siempre han estado ahí dominando tus deseos, guiando tu búsqueda, modelando el traje de tu insatisfacción).
Obedecí una vez más y cerré la puerta, y volví la mirada, y me empapó otra vez su sonrisa y fui feliz gateando sinuosamente hasta volver a acurrucar el cuerpo entre sus montes y sus caricias y sus labios y su delicioso olor. Ahí se podría haber parado el tiempo para siempre. Ahí se debía parar el tiempo para siempre. Ahí un oscuro enredo de conceptos y miedos que moraba en el fondo de mi conciencia perdió sus formas invisibles y se deshizo en la oscuridad. Algo se disolvió para siempre.
Nunca más lo veré, pero se ha hecho la curación, se ha mejorado el mundo, se ha completado y detenido un tiempo, se ha creado un nuevo recuerdo inolvidable, y eso supera la pérdida de lo que casi no he llegado a tener.
Volví a abrirlos, volvió a hacerme un gesto, empecé a sentir el pulso agridulce de estas situaciones. Si empiezo a interesarme puede aceptarme, pero puede rechazarme. La mala opción tiene un peso cambiante y va fluctuando entre compensar o no a la buena. Le miro tímidamente, vuelve a hacerme un gesto simpático. Los kilos de músculos alrededor de sus brazos no le impiden ser afable y cordial. Su sonrisa es un cuadro paisajístico de algún paraíso prometido. Se van los demás.
Llega otro hombre. Ni lo miro, para denotar interés exclusivo hacia el primero. Él sí lo mira, ya se conocen, se hablan, se refieren a mí, me miran, el nuevo se presenta a sí mismo y al otro. Son de Estados Unidos, el lugar exacto lo pierdo, no tanto por el ruido de las burbujas como por el estupor. El nuevo se merece también toda mi devoción pero después de ver al primero se me queda corto. Borra totalmente la impresión del último adjetivo cuando emerge y se planta delante de mí autoritariamente. También borra mi actitud contemplativa, porque paso a la acción. Las manos del primero, detrás de mí, repasan los contornos de mi silueta en las tres dimensiones, para recordarme, porque lo necesito, que sigo teniendo presencia material y no me he expandido como luz.
El otro día leí un artículo acerca de optimización de recursos mentales (se acerca la crisis de los treinta; en quince años empezaré a creer en dios). Al parecer, es muy positivo reducir el tiempo de toma de decisiones. Alargarlo disemina nuestra capacidad de disfrutar la opción elegida, y amplía las posibilidades de arrepentimiento, pues consideramos demasiado las opciones que no tomaremos. Hay que ser rápido y disfrutar, hay que actuar.
Llegó algún espectador inoportuno y el que llevaba la voz cantante me ofreció galantemente trasladarnos a una habitación. Me preguntó: ¿quieres que venga mi amigo también?
Primer impulso: "tu amigo solamente"
Segundo impulso: "tu amigo especialmente"
Respuesta correcta: "sí, y tanto"
Respuesta final: "sí"
Así estuvo bien porque el que ordenaba parecía tener un dominio absoluto sobre mi presa. De algo me tiene que servir haber hecho lo mismo hace un par de años con mi pareja: cualquier tercero que no actuara de acuerdo a mis criterios se quedaba sin probar a uno y a otro. Esto se llama dominación extendida.
Se cerró la puerta (pasiva refleja). Dos hombres altísimos, musculados, masculinos y conchabados, y yo pequeño, blanco, inocente, entre ambos. No en el espacio entre ambos, sino en la ausencia de espacio entre ambos. No detallo aquí las prácticas. Pero bastará con lo siguiente: lo hicimos todo. No quedó nada por hacer.
Mientras el dominador ejecutaba cruelmente (lo cual hubiera bastado para llevarme al cielo), mi maravilloso saco de músculos me servía de dulce colchón para todo mi cuerpo, y sus labios y su sonrisa o su sonrisa y sus labios me anestesiaban el alma con la única cosa que es mejor que el placer:
-Primer impulso: "el amor"
-Primera correción: "la fantasía"
-Segunda correción: "la ilusión"
-Solución descriptiva: "promesa alegórica de mundos posibles donde su sonrisa, sus labios y mis labios y mi vida pudieran fusionarse y ser la misma cosa: definida, bella, segura, y arrebatadora".
El dominante se dio por satisfecho y se fue no sin antes darme las gracias, regalarme una de sus sonrisas diagonales, darle un par de órdenes a su amante y una a mí: que bloqueara la puerta. Me confiaba sólo a mí su amante. Y ahora le daría mil vueltas a las palabras de la última frase porque en cualquier orden y combinación me valdría (la sintaxis domina nuestra mente pero existen reductos incontrolables de conceptos empaquetados que prevalecen indomables; sólo hace falta una realidad detonante para intuirlas durante un momento efímero, y se descubre que siempre han estado ahí dominando tus deseos, guiando tu búsqueda, modelando el traje de tu insatisfacción).
Obedecí una vez más y cerré la puerta, y volví la mirada, y me empapó otra vez su sonrisa y fui feliz gateando sinuosamente hasta volver a acurrucar el cuerpo entre sus montes y sus caricias y sus labios y su delicioso olor. Ahí se podría haber parado el tiempo para siempre. Ahí se debía parar el tiempo para siempre. Ahí un oscuro enredo de conceptos y miedos que moraba en el fondo de mi conciencia perdió sus formas invisibles y se deshizo en la oscuridad. Algo se disolvió para siempre.
Nunca más lo veré, pero se ha hecho la curación, se ha mejorado el mundo, se ha completado y detenido un tiempo, se ha creado un nuevo recuerdo inolvidable, y eso supera la pérdida de lo que casi no he llegado a tener.
2008-02-09
Ayer me encontré por segunda vez con un sujeto inefable que coincidió en el tiempo con el inicio del final de mi relación seria. La coincidencia temporal del evento y, más todavía, la práctica superposición de sus narraciones el día siguiente, con la primera noche en que él y el otro se conocieron casi lo hace parecer una causa. Para más información acerca de proximidad temporal y causación, véase mi trabajo de investigación del máster. Diga lo que diga, el sujeto inefable no causó el encuentro de los otros dos, pero ayer (o casi mejor hoy) han vuelto a coincidir. Y por más que escriba, no voy a sacar ninguna enseñanza de relacionarlos. A veces las cosas no se atan aunque nuestro cerebro esté lleno de cuerdas ociosas y de dioses atacabos.
Así intento condensar el presente: se suceden cosas, pero no se ligan, y me veo tentado a decir el tópico "cuando acaba, me siento vacío" (lo dije en el post nº2). Pero sería confundir compleción con bondage. Puede ser satisfactorio, no lo niego, sentirse esclavizado a los deseos de un líder (llámese ser amado o dios o cualquier otra forma de obstáculo), especialmente de noche y con un macizo árabe imparable (no sabía cómo volver a introducir al sujeto inefable). Llámese creer que la vida adquiere un sentido con la ligazón virtual de los eventos que se inventa una parte de nuestra mente seguramente engañada por principios básicos del lenguaje que los lingüistas todavía no saben explotar. Sea como sea, pasan cosas en el sentido más literal del verbo "pasar", y no puede permanecer casi ni siquiera un sentido, casi ni siquiera un tibio recuerdo. He refantaseado unas cuantas veces hoy las escenas de mi noche loca de ayer (o casi hoy mismo), y cada vez me cuesta más rever las imágenes de mi propio cuerpo pálido recortado contra otros, incansables. Cuanto más se repite, más se pierde. Cada vez sé menos en qué estaría pensando el que inventó el DVD.
La primera vez que lo encontré fue también a altas horas de la noche, por lo cual la ausencia de mi pareja me pasó bastante inadvertida. El día siguiente mis músculos se quejaban de la falta de sueño con un extraño hormigueo enfermizo, y mientras andábamos por la calle le relaté las características, actitudes y habilidades de este pasajero ser inefable, con sólo una cosa en mente: placer (de lo que pasó, de contarlo, de tener su confianza para contarlo, de tenerlo completamente). Entonces puso cara de malas noticias y me contó lo que él había encontrado, y lógicamente era algo menos pasajero (aunque mucho más alien).
Ayer, casi hoy mismo, iban a estar en casa los dos, por lo cual yo tenía órdenes de llegar lo más tarde posible. Eso propició (o casi causó directamente) que me reencontrase con el milagroso hombre inefable. Lo pasajero reapareció con la misma apariencia de pasajer... bueno, no sé acabar la palabra. ¿Pasajeridad? Suena un poco como las guarradas que hicimos. ¿O va con g? Bueno, después de lo visto, no me importa demasiado la ortografía. Tengo cosas más gordas que recordar.
De modo que hoy me paro a pensar y veo que casi se forma un puzzle, pero he leído los bastantes libros de Haruki Murakami como para estar entrenado en este tipo de cálculos, y veo que el puzzle sólo cuadra aparentemente y que, lo que es peor, no dibuja ni señala nada. Así no hay forma de sugerir el futuro, y así no hay forma de vivir.
Así intento condensar el presente: se suceden cosas, pero no se ligan, y me veo tentado a decir el tópico "cuando acaba, me siento vacío" (lo dije en el post nº2). Pero sería confundir compleción con bondage. Puede ser satisfactorio, no lo niego, sentirse esclavizado a los deseos de un líder (llámese ser amado o dios o cualquier otra forma de obstáculo), especialmente de noche y con un macizo árabe imparable (no sabía cómo volver a introducir al sujeto inefable). Llámese creer que la vida adquiere un sentido con la ligazón virtual de los eventos que se inventa una parte de nuestra mente seguramente engañada por principios básicos del lenguaje que los lingüistas todavía no saben explotar. Sea como sea, pasan cosas en el sentido más literal del verbo "pasar", y no puede permanecer casi ni siquiera un sentido, casi ni siquiera un tibio recuerdo. He refantaseado unas cuantas veces hoy las escenas de mi noche loca de ayer (o casi hoy mismo), y cada vez me cuesta más rever las imágenes de mi propio cuerpo pálido recortado contra otros, incansables. Cuanto más se repite, más se pierde. Cada vez sé menos en qué estaría pensando el que inventó el DVD.
La primera vez que lo encontré fue también a altas horas de la noche, por lo cual la ausencia de mi pareja me pasó bastante inadvertida. El día siguiente mis músculos se quejaban de la falta de sueño con un extraño hormigueo enfermizo, y mientras andábamos por la calle le relaté las características, actitudes y habilidades de este pasajero ser inefable, con sólo una cosa en mente: placer (de lo que pasó, de contarlo, de tener su confianza para contarlo, de tenerlo completamente). Entonces puso cara de malas noticias y me contó lo que él había encontrado, y lógicamente era algo menos pasajero (aunque mucho más alien).
Ayer, casi hoy mismo, iban a estar en casa los dos, por lo cual yo tenía órdenes de llegar lo más tarde posible. Eso propició (o casi causó directamente) que me reencontrase con el milagroso hombre inefable. Lo pasajero reapareció con la misma apariencia de pasajer... bueno, no sé acabar la palabra. ¿Pasajeridad? Suena un poco como las guarradas que hicimos. ¿O va con g? Bueno, después de lo visto, no me importa demasiado la ortografía. Tengo cosas más gordas que recordar.
De modo que hoy me paro a pensar y veo que casi se forma un puzzle, pero he leído los bastantes libros de Haruki Murakami como para estar entrenado en este tipo de cálculos, y veo que el puzzle sólo cuadra aparentemente y que, lo que es peor, no dibuja ni señala nada. Así no hay forma de sugerir el futuro, y así no hay forma de vivir.
2008-01-05
La antítesis de una condena no es la libertad, no es la libertad la antítesis de una condena
Oí de un experto en religiones que el laicismo que conocemos es producto del cristianismo. Que nuestro laicismo o nuestro ateísmo sólo puede nacer del contexto ideológico del cristianismo, no nacería igual de otras religiones o de otras épocas. Y que por lo tanto mi negación de dios es una forma de cristianismo, por más que piense que mi negación de dios es la ausencia total de pensamiento religioso. Parece que la ausencia de algo no es el cero, sino que es la imagen reflejada en negro de su antireferencia. Será por eso que los niños no aprenden matemáticas tan fácilmente.
Seguiré creyendo que soy una persona sin religión y sin creencias sobrenaturales de ningún tipo, pero una parte de mí le debe reconocer a ese teólogo que, desgraciadamente, tiene razón. Desgraciadamente porque esto significa que soy menos libre, porque la libertad moral de mi ateísmo es sólo una reacción a una creencia singular y concreta, y es por consiguiente un ateísmo igual de singular y concreto. La imagen en negativo de sus pasiones y sus representaciones sangrientas de la devoción. Por eso creo en el amor, no soy más que un católico desengañado que busca los caminos hacia el cielo en dirección terrenal, será que sin que nadie me lo haya permitido busco ser el profeta que entrega su amor a los hombres para que lo torturen brutalmente.
Y si algo me molesta todavía más es ser cíclico, y hoy tengo que volver a contar cómo mi pareja vuelve a pedirme que me vaya. No va a darme más credibilidad que escriba que creo que esta vez no voy a tener más moratorias. Dice que es provisional, que quiere poner a prueba a su otro amante, porque cree que podría estarlo deteniendo mi presencia aquí, y que borrando la excusa comprobará sus verdaderas intenciones para bien, o para mal. Y que nosotros mantendremos la relación casi al mismo nivel. Me lo creo y a la vez no me lo creo. Es lo que menos me apetece hacer, pero cuando lo tenga que hacer, cerraré los ojos y echaré a andar.
Ya empiezo a visualizarlo. Ya me imagino de nuevo en mi antigua habitación, sin nadie por las noches, sin nadie por los días. Con un extraño escalofrío pienso a veces en algunas ventajas que tendré. Me imagino estudiando más, haciendo más ejercicio, siendo más sano. El sufrimiento siempre es purificador, estoy cansado de repetirlo y de creerlo cada vez más fielmente.
Pero también me temo algo. Me temo que mi historia con Miami es la reacción a mi amor por mi antigua pareja, y que sin el primero pierde validez el segundo. Porque son como el cristianismo y el laicismo. Si no hay nada a quien responder, ¿hay negación de dios? ¿Qué nos queda cuando no nos atacan? ¿Qué somos cuando somos felices? ¿Qué somos cuando nos dejan ser? No puedo querer a un fantasma imaginario en Miami si es lo único que puedo querer. Sin otro soporte no puedo impulsarme hasta ahí. Si mi corazón no late por lo importante, no puede latir por un sueño. Esta semana en Miami han pasado de los 26º a los 4º. Dice que la gente ni salía a la calle, que no es habitual. Que Miami se ha enfriado, que B. está tapada de nubes.
Seguiré creyendo que soy una persona sin religión y sin creencias sobrenaturales de ningún tipo, pero una parte de mí le debe reconocer a ese teólogo que, desgraciadamente, tiene razón. Desgraciadamente porque esto significa que soy menos libre, porque la libertad moral de mi ateísmo es sólo una reacción a una creencia singular y concreta, y es por consiguiente un ateísmo igual de singular y concreto. La imagen en negativo de sus pasiones y sus representaciones sangrientas de la devoción. Por eso creo en el amor, no soy más que un católico desengañado que busca los caminos hacia el cielo en dirección terrenal, será que sin que nadie me lo haya permitido busco ser el profeta que entrega su amor a los hombres para que lo torturen brutalmente.
Y si algo me molesta todavía más es ser cíclico, y hoy tengo que volver a contar cómo mi pareja vuelve a pedirme que me vaya. No va a darme más credibilidad que escriba que creo que esta vez no voy a tener más moratorias. Dice que es provisional, que quiere poner a prueba a su otro amante, porque cree que podría estarlo deteniendo mi presencia aquí, y que borrando la excusa comprobará sus verdaderas intenciones para bien, o para mal. Y que nosotros mantendremos la relación casi al mismo nivel. Me lo creo y a la vez no me lo creo. Es lo que menos me apetece hacer, pero cuando lo tenga que hacer, cerraré los ojos y echaré a andar.
Ya empiezo a visualizarlo. Ya me imagino de nuevo en mi antigua habitación, sin nadie por las noches, sin nadie por los días. Con un extraño escalofrío pienso a veces en algunas ventajas que tendré. Me imagino estudiando más, haciendo más ejercicio, siendo más sano. El sufrimiento siempre es purificador, estoy cansado de repetirlo y de creerlo cada vez más fielmente.
Pero también me temo algo. Me temo que mi historia con Miami es la reacción a mi amor por mi antigua pareja, y que sin el primero pierde validez el segundo. Porque son como el cristianismo y el laicismo. Si no hay nada a quien responder, ¿hay negación de dios? ¿Qué nos queda cuando no nos atacan? ¿Qué somos cuando somos felices? ¿Qué somos cuando nos dejan ser? No puedo querer a un fantasma imaginario en Miami si es lo único que puedo querer. Sin otro soporte no puedo impulsarme hasta ahí. Si mi corazón no late por lo importante, no puede latir por un sueño. Esta semana en Miami han pasado de los 26º a los 4º. Dice que la gente ni salía a la calle, que no es habitual. Que Miami se ha enfriado, que B. está tapada de nubes.
2007-12-20
Los tiburones del Atlántico mastican declaraciones de amor
Lo duro de andar con una herida en el corazón es que alguien puede clavarte un puñal y encajarlo perfectamente en el lugar. Y siente que ha ocupado el lugar perfecto que llevaba tanto tiempo buscando, y tú sientes que han cerrado tu herida y te han completado, y eso basta para olvidar que te ha llenado de acero tóxico que te droga y te arrastra por el cielo.
Sus declaraciones de amor transoceánicas llegan y aciertan en la diana. Sabe qué decir como supo qué hacer cuando su imponencia supo dejarme sin habla. Lleno días duros de recuerdo de futuro. El árido presente se acorta entre el placer de los tiempos periféricos, y llevo la fantasía excitada como fuerza de expansión. Siento nostalgia al contemplar cosas bellas y me río de la disonancia del mundo, que se aleja de mi paso como si iluminara la oscuridad la luz que manejo.
Creo sospechas y niego verdades, y la desproporción cuadra perfectamente en mi lógica. Nada menos y nada más que lo que me da podría resolver esta situación. El remedio a la hemorragia inacabable es esta llama suturadora sin final visible. El remedio a tanta soledad en la cordura es una dosis de locura que puedo aceptar porque está hecha sólo a mi medida. Porque un adulto puede elegir ser inocente otra vez porque puede llorar si todo va mal sobre todo aquello en lo que cree.
Sus declaraciones de amor transoceánicas llegan y aciertan en la diana. Sabe qué decir como supo qué hacer cuando su imponencia supo dejarme sin habla. Lleno días duros de recuerdo de futuro. El árido presente se acorta entre el placer de los tiempos periféricos, y llevo la fantasía excitada como fuerza de expansión. Siento nostalgia al contemplar cosas bellas y me río de la disonancia del mundo, que se aleja de mi paso como si iluminara la oscuridad la luz que manejo.
Creo sospechas y niego verdades, y la desproporción cuadra perfectamente en mi lógica. Nada menos y nada más que lo que me da podría resolver esta situación. El remedio a la hemorragia inacabable es esta llama suturadora sin final visible. El remedio a tanta soledad en la cordura es una dosis de locura que puedo aceptar porque está hecha sólo a mi medida. Porque un adulto puede elegir ser inocente otra vez porque puede llorar si todo va mal sobre todo aquello en lo que cree.
2007-12-17
¿Metonimia o metáfora?
Tuve la sensación de conocer a Miami como recompensa a un acto de paciencia, y tengo la sensación de haber perdido una oportunidad de hablar con él como castigo a un acto de infidelidad hacia él y hacia mí mismo. 45 me pedía que le ayudara con un problema informático, y que de paso tuviéramos un escarceo. No me apetecía mucho, porque descubro en él mucho egoísmo erótico y porque mi pensamiento está acariciando el recuerdo de Miami. Pero al final accedí a ir, aunque sabía que me estaba equivocando. Calculando el tiempo que tardaría en ducharme y en los desplazamientos, le dije: a las 19:00 estoy ahí. Cuando volví a casa, un mensaje (des)de Miami me decía que había intentando contactarme a las 18:59.
Y hasta aquí mi homenaje a los que creen en el destino (justamente, él). Yo sólo veo una serie de coincidencias a las que doto de sentido porque estoy sintiendo algo que activa mi capacidad para relacionar datos (entre otros muchos órganos). Lo que otros ven milagroso no lo es menos en mi versión fisiológica de los hechos. Que alguien te haga poner en relación datos ya es que te hagan hacer mucho. Hay quien no ha relacionado dos cosas en su vida: son esa gente incapaz de amar. Claro, para amar hay que relacionar a dos personas mentalmente (llámame lógico). En mi tesis debería explorar más la relevancia (y la dificultad) que tiene para el pensamiento el hecho de relacionar dos cosas. Supongo que en teoría gramatical es el famoso "merge". Parece una tontería, pero ¿no es una forma de amor? Al final parecerá esto una encíclica del Papa. Como dijo Cristina: "¿me puedo quedar embarazada si hago merge interno?". Broma sólo apta para sintactistas.
En todo caso, a lo que voy: mi lindo numerito 45 es incapaz de hacerme sentir querido. ¿Ahora lo descubro? Evidentemente tengo tan cerca el ejemplo de Miami (de su caballerosidad, de la profundidad de sus brazos...) que ayer por contraste me parecía estar abrazando a un reptil (de físico excepcional). Aparte de que me estaba perdiendo la oportunidad de hablar con Miami. Hoy estoy esperando a que dé alguna señal de vida... aunque profundizar en esta relación siempre será una llamada al dolor, y dejarla escapar sería un insulto al cielo. Y digo cielo porque es por donde pasan los aviones que podrían llevarme a él, y eso no sé si se llama metonimia o metáfora.
Y hasta aquí mi homenaje a los que creen en el destino (justamente, él). Yo sólo veo una serie de coincidencias a las que doto de sentido porque estoy sintiendo algo que activa mi capacidad para relacionar datos (entre otros muchos órganos). Lo que otros ven milagroso no lo es menos en mi versión fisiológica de los hechos. Que alguien te haga poner en relación datos ya es que te hagan hacer mucho. Hay quien no ha relacionado dos cosas en su vida: son esa gente incapaz de amar. Claro, para amar hay que relacionar a dos personas mentalmente (llámame lógico). En mi tesis debería explorar más la relevancia (y la dificultad) que tiene para el pensamiento el hecho de relacionar dos cosas. Supongo que en teoría gramatical es el famoso "merge". Parece una tontería, pero ¿no es una forma de amor? Al final parecerá esto una encíclica del Papa. Como dijo Cristina: "¿me puedo quedar embarazada si hago merge interno?". Broma sólo apta para sintactistas.
En todo caso, a lo que voy: mi lindo numerito 45 es incapaz de hacerme sentir querido. ¿Ahora lo descubro? Evidentemente tengo tan cerca el ejemplo de Miami (de su caballerosidad, de la profundidad de sus brazos...) que ayer por contraste me parecía estar abrazando a un reptil (de físico excepcional). Aparte de que me estaba perdiendo la oportunidad de hablar con Miami. Hoy estoy esperando a que dé alguna señal de vida... aunque profundizar en esta relación siempre será una llamada al dolor, y dejarla escapar sería un insulto al cielo. Y digo cielo porque es por donde pasan los aviones que podrían llevarme a él, y eso no sé si se llama metonimia o metáfora.
2007-12-15
Miami Vice
Por fin iba a dar yo también el primer paso hacia la disolución: pensé que podía llamar a mi hermana para hacer que le transmitiera a mi madre la noticia. La perspectiva de no tener que hacerlo yo me parecía aliviar tanto, que casi me animaba a hacerlo. En primer lugar: no encontré su teléfono. En segundo lugar: estaban (ambas) de viaje en Madrid. En tercer lugar: luego me llamó él y me dijo que detuviera el proceso, que todavía no era necesario precipitarse. Instantáneamente sentí un alivio, dejé de pensar con nostalgia en todo lo que me envuelve y dejaría de hacerlo, me sentí feliz y olvidé el asunto, aun sabiendo que todo lo que no sea salir de aquí es permanecer en terrenos pantanosos. No me asusta ahogarme en las arenas si fuera de ellas tampoco parece haber el aire que yo respiro.
Él se encontraba mal y agobiado, puedo buscar un consuelo extra en este hecho. No lo hago, lo digo sólo porque me pidió que le invitara a comer a alguna parte para no tener que cocinar y además, distraerse. Por un momento pensé que lo último que faltaba, en la situación, era que yo le invitase a salir. ¿Qué clase de papel de tonto estoy ejecutando? Pero al final pensé que nos resultaría provechoso hacer lo que él pedía. Viendo que cuando está mal vivo días de dolor y que cuando está bien me despreocupo y me siento feliz y seguro, preferí acceder para vivir la segunda opción. Se paga por cosas que dan menos felicidad. Lo pasamos bien. Pero la vida, a veces, tiene mecanismos de recompensa, y encontré a alguien que venía a dármela.
Es la primera vez que intento narrar aquí una aventura sexual habiendo dejado pasar el tiempo. Esta semana he fantaseado en muchos momentos no sólo con el recuerdo del tiempo que disfruté entre sus brazos enormes, sino muy especialmente también con los momentos de placer que viviría al reconstruir aquí lo vivido, con algún artefacto narrativo que le diera nueva vida ficticia a lo que ya fue vida, aunque en un plazo demasiado corto, pero intenso y feliz. Lo he fantaseado tanto, que ya no sé cómo hacerlo. Podría decir una cosa: dado que vive en Miami, que se manifestó absolutamente enamorado de mí y me quiere a su lado, que a mí me hace feliz la sospecha de que esa locura pueda tener un porcentaje de verdad, y que excede con comodidad lo que otras veces he llamado estúpidamente mis "requisitos", me he llegado a plantear si no sólo debería forzar el cambio, sino que incluso pudiera hacerlo un cambio radical. En el sentido etimológico de la palabra, es decir: trasplantar mis lindas raíces emocionales de este lugar a aquel otro lugar, y disfrutar por una vez de que el aire de la inseguridad me envuelva y me refresque y encontrar el encanto de un lugar sin raíces que pueda aliviar la intricación de tantos laberintos de mi interior.
A esta hipótesis le doy un tiempo de vida moderado, y un índice de probabilidad sorprendentemente alto dentro de lo bajo. Sería bonito poder decir: "Mamá, me separo... y me voy a vivir a Miami". Sería un bonito ejercicio de libertad, pero hay una cosa que se llama prudencia y que significa lo siguiente: los ejercicios de libertad en la vida son escasos por ley, y si se gastan pronto la órbita del cambio es menos duradera, mientras que si se guardan para más adelante se gana distancia e impulso. Lo he dicho muy complicado, pero si pudiera dibujar un péndulo sería muy "fázil". Cuanto más larga sea la cuerda, más lejos puedes llegar en el arco. Mejor no moverse si es demasiado pronto, porque del mismo impulso puedes llegar a hacer un circulito y volver a donde estabas, pero con la cuerda enredada al cuello.
Este personaje, al que misteriosamente llamaré "Miami", es quien ocupa estos días los primeros puestos de mis rankings mentales de: mayor ilusión, mayor mejor recuerdo, mayor proyecto y mayor fantasía sexual. No le llevaré la contraria a quien piense que basta con que esté en el primer puesto de la última para que se deriven las demás. No le llevaré la contraria a quien niegue la existencia de las demás y de cualquier otra cosa en mi mente. Al fin y al cabo, soy un hombre. Pero sólo eso ya sería mucho, sobretodo últimamente, con la cantidad de "realidades" sexuales que pasan por mí sin antes haber necesitado ocupar el puesto de "fantasía" y que se quedan muy por detrás de lo que puede ser una buena fantasía, como lo es Miami.
Estoy tan contento (en esta remisión temporal de mi estado de tristeza más general) que incluso voy a negar una de mis tónicas: desear sentirme querido no es miseria moral en realidad; lo he sentido tan brillantemente esta vez, que dudo que exista algo negativo identificable como ego, y me atrevería a decir que no hay más nobleza en el mundo que mi sincera búsqueda de atención externa. La prueba es que la emoción mane sola de forma tan natural y torrencial desde algún punto misterioso de mi espacio interior, bajo el frío de estos días, por debajo del calor de la satisfacción, y mucho más cerca del núcleo.
Puedo volver a creer que estamos provistos de profundidad.
Él se encontraba mal y agobiado, puedo buscar un consuelo extra en este hecho. No lo hago, lo digo sólo porque me pidió que le invitara a comer a alguna parte para no tener que cocinar y además, distraerse. Por un momento pensé que lo último que faltaba, en la situación, era que yo le invitase a salir. ¿Qué clase de papel de tonto estoy ejecutando? Pero al final pensé que nos resultaría provechoso hacer lo que él pedía. Viendo que cuando está mal vivo días de dolor y que cuando está bien me despreocupo y me siento feliz y seguro, preferí acceder para vivir la segunda opción. Se paga por cosas que dan menos felicidad. Lo pasamos bien. Pero la vida, a veces, tiene mecanismos de recompensa, y encontré a alguien que venía a dármela.
Es la primera vez que intento narrar aquí una aventura sexual habiendo dejado pasar el tiempo. Esta semana he fantaseado en muchos momentos no sólo con el recuerdo del tiempo que disfruté entre sus brazos enormes, sino muy especialmente también con los momentos de placer que viviría al reconstruir aquí lo vivido, con algún artefacto narrativo que le diera nueva vida ficticia a lo que ya fue vida, aunque en un plazo demasiado corto, pero intenso y feliz. Lo he fantaseado tanto, que ya no sé cómo hacerlo. Podría decir una cosa: dado que vive en Miami, que se manifestó absolutamente enamorado de mí y me quiere a su lado, que a mí me hace feliz la sospecha de que esa locura pueda tener un porcentaje de verdad, y que excede con comodidad lo que otras veces he llamado estúpidamente mis "requisitos", me he llegado a plantear si no sólo debería forzar el cambio, sino que incluso pudiera hacerlo un cambio radical. En el sentido etimológico de la palabra, es decir: trasplantar mis lindas raíces emocionales de este lugar a aquel otro lugar, y disfrutar por una vez de que el aire de la inseguridad me envuelva y me refresque y encontrar el encanto de un lugar sin raíces que pueda aliviar la intricación de tantos laberintos de mi interior.
A esta hipótesis le doy un tiempo de vida moderado, y un índice de probabilidad sorprendentemente alto dentro de lo bajo. Sería bonito poder decir: "Mamá, me separo... y me voy a vivir a Miami". Sería un bonito ejercicio de libertad, pero hay una cosa que se llama prudencia y que significa lo siguiente: los ejercicios de libertad en la vida son escasos por ley, y si se gastan pronto la órbita del cambio es menos duradera, mientras que si se guardan para más adelante se gana distancia e impulso. Lo he dicho muy complicado, pero si pudiera dibujar un péndulo sería muy "fázil". Cuanto más larga sea la cuerda, más lejos puedes llegar en el arco. Mejor no moverse si es demasiado pronto, porque del mismo impulso puedes llegar a hacer un circulito y volver a donde estabas, pero con la cuerda enredada al cuello.
Este personaje, al que misteriosamente llamaré "Miami", es quien ocupa estos días los primeros puestos de mis rankings mentales de: mayor ilusión, mayor mejor recuerdo, mayor proyecto y mayor fantasía sexual. No le llevaré la contraria a quien piense que basta con que esté en el primer puesto de la última para que se deriven las demás. No le llevaré la contraria a quien niegue la existencia de las demás y de cualquier otra cosa en mi mente. Al fin y al cabo, soy un hombre. Pero sólo eso ya sería mucho, sobretodo últimamente, con la cantidad de "realidades" sexuales que pasan por mí sin antes haber necesitado ocupar el puesto de "fantasía" y que se quedan muy por detrás de lo que puede ser una buena fantasía, como lo es Miami.
Estoy tan contento (en esta remisión temporal de mi estado de tristeza más general) que incluso voy a negar una de mis tónicas: desear sentirme querido no es miseria moral en realidad; lo he sentido tan brillantemente esta vez, que dudo que exista algo negativo identificable como ego, y me atrevería a decir que no hay más nobleza en el mundo que mi sincera búsqueda de atención externa. La prueba es que la emoción mane sola de forma tan natural y torrencial desde algún punto misterioso de mi espacio interior, bajo el frío de estos días, por debajo del calor de la satisfacción, y mucho más cerca del núcleo.
Puedo volver a creer que estamos provistos de profundidad.
2007-12-08
Un jinete del apocalipsis (2)
Hoy me ha dicho que no va a volver a ver a mi familia, y que yo debo dejar de estar instalado en esta casa. Para poder seguir viniendo, pero al menos que él disponga del recurso mental de saber que no miente a nadie (de su nuevo círculo de importancia) cuando diga que vive solo. La declaración no ha sido tan nítida (soy demasiado bueno resumiendo), y si las redundancias y dudas son pliegues del escenario de sus palabras, he visto entre ellos un fondo: esto se ha acabado. No me quiere más aquí y yo deberé aprender a corresponder.
He dividido la entrada de hoy en dos porque me parecía que había mucho que contar, y ahora veo que no. El chico de ayer era calcado a uno que ya apareció en este blog, y además me sucedió lo mismo (lo dejé escapar de la misma manera estúpida e incontrolable); lo que hoy me ha pedido 32, sin que me lo hubiese dicho exactamente nunca, lo he sabido siempre. Desde la primera letra de este blog está seleccionada sabiendo que sobro aquí, donde tengo radicada mi vida en muchos planos. Supongo que el cambio de hoy es que veo que será inútil esperar a que ocurra un cambio. Que los papeles de la obra están repartidos y en el mío están todos los cambios, sacrificios y reubicaciones tan difíciles de asumir. Y nada del amor. Esto me pasa por ser tan mala actriz.
Existe una forma de consuelo, pero demasiado miserable. Por una vez, evado la miseria brillantemente por más que mi situación sea la más penosa. Por una vez, no voy a pensar que ellos pagarán también todo el placer que vivan ahora, porque la vida tiene las mismas leyes para todo el mundo. Vale, es cierto que se me ha ocurrido pensarlo, pero no lo siento realmente. Mi consuelo está en otro pensamiento, mucho más estoicista: lo que no mata engorda, hiperónimo de toda una serie de visiones de mi futuro donde no seré tan feliz como he sido con él, pero tampoco tan infeliz como me hace ser ahora, y donde algunas cosas volverán a su correcto equilibrio y seré, espero, más sano y espartano. Porque muchos de los dulces que he tenido con él (y me refiero también a los dulces en el sentido textual) son peligrosos. Aunque hasta ahora he sido tan feliz dejándome cegar por ellos. Ya lo dicen, ¿no?, que el azúcar deja ciegos a los perros. No sé si es un mito urbano o lo decían por mí.
Se acabaron los dulces, los placeres, la compañía, los abrazos asegurados, la complicidad, la ilusión. Ahora el reto es encontrar todo eso en mí mismo. Preparémonos para ser adultos.
He dividido la entrada de hoy en dos porque me parecía que había mucho que contar, y ahora veo que no. El chico de ayer era calcado a uno que ya apareció en este blog, y además me sucedió lo mismo (lo dejé escapar de la misma manera estúpida e incontrolable); lo que hoy me ha pedido 32, sin que me lo hubiese dicho exactamente nunca, lo he sabido siempre. Desde la primera letra de este blog está seleccionada sabiendo que sobro aquí, donde tengo radicada mi vida en muchos planos. Supongo que el cambio de hoy es que veo que será inútil esperar a que ocurra un cambio. Que los papeles de la obra están repartidos y en el mío están todos los cambios, sacrificios y reubicaciones tan difíciles de asumir. Y nada del amor. Esto me pasa por ser tan mala actriz.
Existe una forma de consuelo, pero demasiado miserable. Por una vez, evado la miseria brillantemente por más que mi situación sea la más penosa. Por una vez, no voy a pensar que ellos pagarán también todo el placer que vivan ahora, porque la vida tiene las mismas leyes para todo el mundo. Vale, es cierto que se me ha ocurrido pensarlo, pero no lo siento realmente. Mi consuelo está en otro pensamiento, mucho más estoicista: lo que no mata engorda, hiperónimo de toda una serie de visiones de mi futuro donde no seré tan feliz como he sido con él, pero tampoco tan infeliz como me hace ser ahora, y donde algunas cosas volverán a su correcto equilibrio y seré, espero, más sano y espartano. Porque muchos de los dulces que he tenido con él (y me refiero también a los dulces en el sentido textual) son peligrosos. Aunque hasta ahora he sido tan feliz dejándome cegar por ellos. Ya lo dicen, ¿no?, que el azúcar deja ciegos a los perros. No sé si es un mito urbano o lo decían por mí.
Se acabaron los dulces, los placeres, la compañía, los abrazos asegurados, la complicidad, la ilusión. Ahora el reto es encontrar todo eso en mí mismo. Preparémonos para ser adultos.
Un jinete del apocalipsis (1)
Bastaría con registrar convenientemente el pasado para saber el futuro. El único problema es que no sabemos cuáles son los aspectos relevantes a anotar. En este blog he descubierto algunos de los alfileres que sostienen el universo y lo mantienen en este equilibrio doloroso. Creo que le debo a mi lector R (¡mi primer lector!) esta frase: "Somos lo que fuimos". Él sabrá decir a quién se la debemos realmente. Somos lo que fuimos y ninguna otra cosa.
Ayer mi tarde-noche de conquista, seducción y lujuria no estaba yendo del todo bien. Mi ego estaba salvaguardado, pues los hombres que había me deseaban sin excepción, pero no estaban lo suficientemente cualificados para lograr mi correspondencia. Alguno cayó, con placer pero sin pena ni gloria. Y a estas alturas lo único que puedo valorar es que me dejen huella. De huella hacia arriba.
Hasta que se cruzó en mi camino una reencarnación del personaje que abrió este blog, en aquella primera entrada acerca de un tipo de hombres que no me gustan pero acaban gustándome y que tienen en común un conjunto de rasgos (no sólo físicos) que suelo ir descubriendo con familiaridad y estupor. Creo que ya son más de cuatro los que se han cruzado por entre mis brazos. Este concretamente era muy atractivo, y compartía con los de su especie el tacto exquisito, los labios finos y delicados, la musculatura esbelta y fría... además de otros portentosos atractivos que dieron nombre de noche de viernes lujuriosa a lo que de otra manera habría sido una noche de viernes a secas.
Al igual que sus antecesores, se esforzó en alargar la situación más allá de lo que mi ímpetu y paciencia exigían, con lo cual se hizo más tarde de lo que yo hubiese procurado. De modo que no crucé con él algunas palabras que habría necesitado cruzar antes de ir a buscar la hora en alguna parte. Vi que era una hora propicia para coger el tren de vuelta y me fui a vestir directamente. Él también. Me salto unos cuantos detalles: cuando yo ya abandonaba el lugar, no quise hacerlo sin antes establecer un mínimo de contacto con él. Le toqué el hombro mientras pasaba por delante y descubría asustado que era mucho más guapo e interesante de lo que yo había podido ver en la oscuridad. Tuve mucho miedo de preguntarle cualquier cosa que pudiera alargar el contacto, y me encaminé (notando a cada paso el arrepentimiento pegado en los zapatos) derecho y voluntariamente hacia cualquier lugar de todos, menos uno, donde se perdía la oportunidad de descubrir qué hubiera pasado a su lado.
Luego lo esperé en la calle para acercarme con cualquier excusa a él y, paradojas de la vida, él no apareció ya pero se acercó a mí un chico muy joven que al parecer me había buscado en aquel lugar y trataba un acercamiento conmigo como el que yo hubiera tratado con mi nueva conquista reconocida. No vale la pena que reproduzca la pregunta tonta que buscó para aproximárseme. En cualquier caso, se fue. Tres personas y tres caminos no comunicantes.
Además faltaba mucho para el tren. De modo que paseé por el frío sintiendo que en alguna parte, debajo de mi piel (y antes de llegar al núcleo) se conservaba en tenue equilibrio un calor que ahora sé identificar como el calor que da la satisfacción. Durante un tiempo fue mucho más fuerte que la nostalgia. Supongo que eso es lo que busco con estas actividades que parecen pecaminosas. Sólo unos metros de ventaja al dolor.
Lo encontré y lo disfruté, lo perdí y lo sufrí. Pero no hay suficiente en la vida, se avecinaba más dolor, y no sé por qué sigo creyendo en el equilibrio universal si la vida saca recursos para tanto dolor que no tienen paralelo visible en el lado de la luz.
Ayer mi tarde-noche de conquista, seducción y lujuria no estaba yendo del todo bien. Mi ego estaba salvaguardado, pues los hombres que había me deseaban sin excepción, pero no estaban lo suficientemente cualificados para lograr mi correspondencia. Alguno cayó, con placer pero sin pena ni gloria. Y a estas alturas lo único que puedo valorar es que me dejen huella. De huella hacia arriba.
Hasta que se cruzó en mi camino una reencarnación del personaje que abrió este blog, en aquella primera entrada acerca de un tipo de hombres que no me gustan pero acaban gustándome y que tienen en común un conjunto de rasgos (no sólo físicos) que suelo ir descubriendo con familiaridad y estupor. Creo que ya son más de cuatro los que se han cruzado por entre mis brazos. Este concretamente era muy atractivo, y compartía con los de su especie el tacto exquisito, los labios finos y delicados, la musculatura esbelta y fría... además de otros portentosos atractivos que dieron nombre de noche de viernes lujuriosa a lo que de otra manera habría sido una noche de viernes a secas.
Al igual que sus antecesores, se esforzó en alargar la situación más allá de lo que mi ímpetu y paciencia exigían, con lo cual se hizo más tarde de lo que yo hubiese procurado. De modo que no crucé con él algunas palabras que habría necesitado cruzar antes de ir a buscar la hora en alguna parte. Vi que era una hora propicia para coger el tren de vuelta y me fui a vestir directamente. Él también. Me salto unos cuantos detalles: cuando yo ya abandonaba el lugar, no quise hacerlo sin antes establecer un mínimo de contacto con él. Le toqué el hombro mientras pasaba por delante y descubría asustado que era mucho más guapo e interesante de lo que yo había podido ver en la oscuridad. Tuve mucho miedo de preguntarle cualquier cosa que pudiera alargar el contacto, y me encaminé (notando a cada paso el arrepentimiento pegado en los zapatos) derecho y voluntariamente hacia cualquier lugar de todos, menos uno, donde se perdía la oportunidad de descubrir qué hubiera pasado a su lado.
Luego lo esperé en la calle para acercarme con cualquier excusa a él y, paradojas de la vida, él no apareció ya pero se acercó a mí un chico muy joven que al parecer me había buscado en aquel lugar y trataba un acercamiento conmigo como el que yo hubiera tratado con mi nueva conquista reconocida. No vale la pena que reproduzca la pregunta tonta que buscó para aproximárseme. En cualquier caso, se fue. Tres personas y tres caminos no comunicantes.
Además faltaba mucho para el tren. De modo que paseé por el frío sintiendo que en alguna parte, debajo de mi piel (y antes de llegar al núcleo) se conservaba en tenue equilibrio un calor que ahora sé identificar como el calor que da la satisfacción. Durante un tiempo fue mucho más fuerte que la nostalgia. Supongo que eso es lo que busco con estas actividades que parecen pecaminosas. Sólo unos metros de ventaja al dolor.
Lo encontré y lo disfruté, lo perdí y lo sufrí. Pero no hay suficiente en la vida, se avecinaba más dolor, y no sé por qué sigo creyendo en el equilibrio universal si la vida saca recursos para tanto dolor que no tienen paralelo visible en el lado de la luz.
2007-12-03
donde está el calor
La canción de hoy es "Nina", de un grupo del que no sé nada llamado "Portecho". Es la canción ideal para que aparezca al azar en tu ipod cuando sales de encontrarte con tu amante luchador de 45 años y te diriges en el frío hacia tu casa (donde no te espera nadie, aparte de un gato hambriento y friolero), y notas que ha quedado un calor de satisfacción en alguna parte debajo de tu piel, que se irá enfriando poco a poco en la atmósfera. Es un momento en el que te sientes feliz por haber estado acompañado y al mismo tiempo feliz por volver a la tranquilidad de la soledad, y donde el frío es, por contraste y sin que sirva de precedente, una bonita metáfora sensorial de la grandeza de tu libertad personal. La cual poco a poco se irá convirtiendo en aburrimiento a medida que el cuerpo va preparándose para desear sexo otra vez. Ya he tenido que estropear la metáfora atmosférica con este maldito determinismo fisiológico. No se me vaya a olvidar que el ser humano es un primate tropical.
Tiene sus ventajas verse con una persona incapaz de amarte e incapaz de serlo por ti (no se me ocurría forma mejor de coordinar la forma pasivizada de la expresión). Es un poco mejor: alguien a quien sabes que no vas a amar y del que no esperas que te ame. O mejor: al que no consideras capaz de amarte. O quizá es más justo: para ganar el amor del cual no te consideras cualificado. Puntualizo: en la medida en que esa persona no está demasiado capacitada para sentir amor. O: en la medida en que ninguna persona que no esté trastornada puede estar muy capacitada para sentir amor. Y por mí concretamente, menos. Para que luego digan que no sé explicarme.
La ventaja es que apenas hay sufrimiento, por más que en otras entradas ya he dejado constancia de qué estrategias de venganza utiliza la vida en general en estos casos. Pero la relación en sí misma es indolora. Por supuesto, eso significa que tampoco mata de ilusión. No sabría en qué orden causal situar estos dos hechos. A lo mejor sólo nos hacen ilusión las cosas que duelen o sólo nos duelen las que hacen ilusión. A lo mejor son consecuencias lógicas o a lo mejor lo hacemos sólo para tener algo de sufrimiento en todos los casos. A mí me está aportando algo de satisfacción en estos momentos previsiblemente previos al cambio. Claro, que no me cuesta nada atribuirlo a la misma miseria moral de siempre: uno me abandona, siento desprecio (ilógicamente, porque no lo implica necesariamente la situación); me busco a otro, me siento halagado (ilógicamente, porque para hacer lo que hace no se requiere ninguna forma de pasión por mí). En total, mantengo el ego en un equilibrio favorable. Siempre he funcionado así. Cuando me dejó mi primer novio, lloré un par de días y se me pasó seduciendo a otro. Con el que no necesité hacer nada, a partir del momento en que supe que él sí quería. Se quedó con las ganas, y yo con el ego reparado, aunque con unos niveles de miseria moral preocupantes para la salud. Nadie ha dicho que yo careciera de lado oscuro; nadie ha dicho que no tenga heridas de origen.
Tiene sus ventajas verse con una persona incapaz de amarte e incapaz de serlo por ti (no se me ocurría forma mejor de coordinar la forma pasivizada de la expresión). Es un poco mejor: alguien a quien sabes que no vas a amar y del que no esperas que te ame. O mejor: al que no consideras capaz de amarte. O quizá es más justo: para ganar el amor del cual no te consideras cualificado. Puntualizo: en la medida en que esa persona no está demasiado capacitada para sentir amor. O: en la medida en que ninguna persona que no esté trastornada puede estar muy capacitada para sentir amor. Y por mí concretamente, menos. Para que luego digan que no sé explicarme.
La ventaja es que apenas hay sufrimiento, por más que en otras entradas ya he dejado constancia de qué estrategias de venganza utiliza la vida en general en estos casos. Pero la relación en sí misma es indolora. Por supuesto, eso significa que tampoco mata de ilusión. No sabría en qué orden causal situar estos dos hechos. A lo mejor sólo nos hacen ilusión las cosas que duelen o sólo nos duelen las que hacen ilusión. A lo mejor son consecuencias lógicas o a lo mejor lo hacemos sólo para tener algo de sufrimiento en todos los casos. A mí me está aportando algo de satisfacción en estos momentos previsiblemente previos al cambio. Claro, que no me cuesta nada atribuirlo a la misma miseria moral de siempre: uno me abandona, siento desprecio (ilógicamente, porque no lo implica necesariamente la situación); me busco a otro, me siento halagado (ilógicamente, porque para hacer lo que hace no se requiere ninguna forma de pasión por mí). En total, mantengo el ego en un equilibrio favorable. Siempre he funcionado así. Cuando me dejó mi primer novio, lloré un par de días y se me pasó seduciendo a otro. Con el que no necesité hacer nada, a partir del momento en que supe que él sí quería. Se quedó con las ganas, y yo con el ego reparado, aunque con unos niveles de miseria moral preocupantes para la salud. Nadie ha dicho que yo careciera de lado oscuro; nadie ha dicho que no tenga heridas de origen.
2007-12-01
material
Se acerca a mí, me besa en el pecho, me agarra los hombros y me funde con la mirada. Encima dice: "aquí hay material", y levanta media sonrisa que se me arrastra por lo que sea que nos envuelve y no se ve. ¿Material? ¿Y tú me lo preguntas, clavando en mi pupila tu iris azul? Material... ¡eres tú!
Eso es lo más importante que me ha pasado recientemente. ¿La reinterpretación queer de un romántico español? Pues... lo había escrito irónicamente pero es la realidad. Tengo que dejar de escribir un blog donde las metáforas son descripciones definidas.
Obsérvese que no hablo de quiénes. Y hablo de "yo" porque no hay otra manera (aunque cabe la duda de si el yo que vivió eso tiene algo que ver con otras partes de mí, o por dónde volaba mientras sucedía). No hay quiénes porque poco importa. Era un desconocido, hermoso, rubio y brasileño. Nos acariciamos pero no iba a pasar nada más. Hablamos. Me explicó que un día después volvería en avión a alguna parte (no lo estaba escuchando todo, como es obvio). Estaba disfrutando de la fricción de su pecho contra el dorso de mis manos. Además, la historia de que se van el día siguiente hay que creerla al 5%. Quizá era cierto en este caso, pero hay algo que está por encima de la verdad o la mentira: el caso es que si lo decía significaba que no iba a haber nada. Tampoco es que lo quisiera, pero hay que constatarlo. Para entender cómo se vive realmente.
Iba a ser cosa de minutos. El físico perfecto, una mirada aterradora y devoción total hacia mí (¡hacia mí!), y unos minutos de plazo. Lo estaba echando de menos desde antes de probarlo. ¿Qué habría sido lo mejor hacer? ¿Intentar saciarme vorazmente? Demasiada ansiedad. Opté por la placidez, por sonreírle, por explicarle lo irresistible que era (no suelo piropear, pero algunos dioses lo pueden llegar a merecer).
La narración no llega a nada como tampoco llegó a nada el asunto. Sólo saqué una conclusión (aparte de la elevación del ego): ante los sueños hechos realidad, sólo es válida una actitud, la imperturbabilidad. Porque existen, pero sus efectos no permanecen; porque se vuelven realidad, pero nosotros no vivimos en el plano de la realidad más que un momento. Un momento demasiado corto que se va arrastrando por la superficie de un disco muy largo. En la vida sólo tenemos un instante de realidad y mucho tiempo para el recuerdo, que es virtual y se va deformando. No sé en qué estaría pensando el que inventó el DVD.
Mis lindos numeritos están descansando. 45 requiere mi presencia con aduladora insistencia. Accederé para elevar mi ego y porque me sigue pareciendo un candidato cualificado (es verdad: lo he rebajado de idóneo a cualificado, pero tampoco hay que confiar mucho en la precisión de mis juicios, dependen del momento). 32 vuelve a estar de viaje de novios (lo digo con acritud). No sé qué harán cuando se les acabe la Comunidad Valenciana. En conclusión: siguen en su papel. Si este blog fuera ficción desde luego serían los personajes menos logrados. Dos marionetas superficiales, incapaces de marcar ningún argumento. Tampoco lo hago yo.
Eso es lo más importante que me ha pasado recientemente. ¿La reinterpretación queer de un romántico español? Pues... lo había escrito irónicamente pero es la realidad. Tengo que dejar de escribir un blog donde las metáforas son descripciones definidas.
Obsérvese que no hablo de quiénes. Y hablo de "yo" porque no hay otra manera (aunque cabe la duda de si el yo que vivió eso tiene algo que ver con otras partes de mí, o por dónde volaba mientras sucedía). No hay quiénes porque poco importa. Era un desconocido, hermoso, rubio y brasileño. Nos acariciamos pero no iba a pasar nada más. Hablamos. Me explicó que un día después volvería en avión a alguna parte (no lo estaba escuchando todo, como es obvio). Estaba disfrutando de la fricción de su pecho contra el dorso de mis manos. Además, la historia de que se van el día siguiente hay que creerla al 5%. Quizá era cierto en este caso, pero hay algo que está por encima de la verdad o la mentira: el caso es que si lo decía significaba que no iba a haber nada. Tampoco es que lo quisiera, pero hay que constatarlo. Para entender cómo se vive realmente.
Iba a ser cosa de minutos. El físico perfecto, una mirada aterradora y devoción total hacia mí (¡hacia mí!), y unos minutos de plazo. Lo estaba echando de menos desde antes de probarlo. ¿Qué habría sido lo mejor hacer? ¿Intentar saciarme vorazmente? Demasiada ansiedad. Opté por la placidez, por sonreírle, por explicarle lo irresistible que era (no suelo piropear, pero algunos dioses lo pueden llegar a merecer).
La narración no llega a nada como tampoco llegó a nada el asunto. Sólo saqué una conclusión (aparte de la elevación del ego): ante los sueños hechos realidad, sólo es válida una actitud, la imperturbabilidad. Porque existen, pero sus efectos no permanecen; porque se vuelven realidad, pero nosotros no vivimos en el plano de la realidad más que un momento. Un momento demasiado corto que se va arrastrando por la superficie de un disco muy largo. En la vida sólo tenemos un instante de realidad y mucho tiempo para el recuerdo, que es virtual y se va deformando. No sé en qué estaría pensando el que inventó el DVD.
Mis lindos numeritos están descansando. 45 requiere mi presencia con aduladora insistencia. Accederé para elevar mi ego y porque me sigue pareciendo un candidato cualificado (es verdad: lo he rebajado de idóneo a cualificado, pero tampoco hay que confiar mucho en la precisión de mis juicios, dependen del momento). 32 vuelve a estar de viaje de novios (lo digo con acritud). No sé qué harán cuando se les acabe la Comunidad Valenciana. En conclusión: siguen en su papel. Si este blog fuera ficción desde luego serían los personajes menos logrados. Dos marionetas superficiales, incapaces de marcar ningún argumento. Tampoco lo hago yo.
2007-11-17
mudanzas
Los dos últimos días he estado inmerso en la búsqueda del placer. ¿Hedonismo? Ojalá fuera tan fázil. Me ha salido con z a la primera y he decidido dejarlo. La ortografía debería estar sujeta a los estados de ánimo. No es tan fázil porque quien busca el placer lo hace desde el dolor, y seguro que funciona también la viceversa (pero no tengo ganas de reconocerla en mis comportamientos: sólo intuyo que esa dirección también está). Qué jodida es la vida que siempre lleva los polos opuestos pegados en todo. Todo el mundo se lamenta de no tener la clave de la vida, y está claro lo que nos falta: unas clases preparatorias en teoría del magnetismo, y listos. Ver esos diagramas donde sale la tierra con su campo magnético representado ayuda mucho. Ver cómo la fuerza que sale de los polos es arrastrada hacia atrás por la energía del sol.
Los grandes placeres de ayer y la sensación de libertad no tardaron en tener contrapartidas. La primera, es una sensación de suciedad en la que no voy a profundizar, porque me avergüenza incluso para un blog donde prometo decir toda la verdad, y donde hasta ahora me he dedicado a reconocer repetidamente la miseria moral que envuelve mis sentimientos igual que a todo lo demás. Hasta ahí, dan ganas de decir: la vida es una mierda. El placer nunca se presenta solo. Pero mi experiencia reciente me dice: y prepárate, porque una desgracia se avecina.
Hoy me ha dicho que el piso donde vivimos se vende (qué amargo "se" de impersonalidad), y que se traslada (qué amargo "se" donde debería decir "nos") a un piso más pequeño y más céntrico en la ciudad de B.
B. es el nombre de la ciudad, que oculto por elegancia narrativa; no es la inicial del otro, al que llamo "el otro" con todas sus consecuencias. Aunque en este caso, la ciudad de B. curiosamente es la ciudad donde vive "el otro", así que si "B." fuera mi forma de referirme a él, la frase seguiría siendo cierta. Qué jodida ambigüedad del lenguaje.
A estas alturas, esto no debería dolerme. Y supongo que no me duele. No es como cuando el gato me clava las uñas en la espalda, no es como cuando andas descalzo y la arena te quema los pies. Es como si te sacaran a la calle y se cerrara la puerta detrás. Es como si pudieras elegir todos los sitios a donde ir excepto aquel donde quieres continuar (esto más que una metáfora, es en realidad la descripción de la situación). Es como si todo el mundo se olvidara de ti porque no te ven, no te oyen y no te sienten.
No debería sentir esto, por motivos que tampoco voy a reconocer hoy. Son todavía peores que el propio sentimiento. Hoy hace un día sorprendentemente frío y sorprendentemente tengo las manos muy frías. No suele pasarme. Y las tenía frías antes de que la noticia me dejara frío. Supongo que la expresión debe tener valor traslaticio, pues su significado textual queda invalidado por mi situación previa. Aunque me gustaría que se interpretara textualmente, para llevar al pensamiento paradójico de: ¿cómo se queda algo frío si ya estaba frío antes? Pues puede hacerlo, para que luego me hablen de causatividad.
Al parecer, no se opone a la idea de que yo pueda seguir viviendo con él incluso en este nuevo emplazamiento, aunque le resultaría más natural que no le siguiera y comenzara mi recorrido independientemente. Que al final, es lo que deberá pasar, dice. Yo no quiero que la cosa acabe, pero la vida me coge por la barbilla y me dice: cariño, que tú no quieras no le importa a nadie, ¿es que te han preguntado? No pintas nada, y da gracias de que lo peor que te pase sea no pintar nada. Podrías estar esclavizado, perseguido o muerto. Y yo respondo, con los párpados semicerrados: gracias. No me cabe el agradecimiento en el corazón. Voy a explotar de alegría. Siempre he preferido las muertes lentas.
Y como ya no soy un niño, veo que se acerca el final. Too young to reason, too grown up to dream, dice una canción preciosa. Supongo que es preciosa por la simetría de versos como este. Representa bastante bien el magnetismo de todas las cosas. En los polos hay tempestad, pero estar en el centro es mucho peor. Parece una contradicción lógica, pero es más bien una verdad constante.
No me visualizo sin él. Perdona vida, ya sé que no importa lo que siento, pero déjame al menos describirlo. Es un problema de visualización.
La canción de hoy es un preludio de Bach (Well-Tempered Klavier, o BWV846) arreglado por Jacques Loussier. Escucharía algo más dramático, pero estoy bastante desorientado y no quiero centrarme en una sola emoción. Sé que lo que ocurra finalmente no dependerá para nada de mis acciones (aunque ya me llevo bien con la falta de albedrío), así que tampoco hay lugar para la tragedia, que requiere mucho protagonismo. Sólo sé que cuando llegue el día en que empaquete mis cosas para volver con mi madre, lloraré amargamente. Espero que el dolor implique también la llegada de grandes placeres, porque si no se cumple la dualidad en el sentido opuesto voy a pedir que me devuelvan el dinero.
Los grandes placeres de ayer y la sensación de libertad no tardaron en tener contrapartidas. La primera, es una sensación de suciedad en la que no voy a profundizar, porque me avergüenza incluso para un blog donde prometo decir toda la verdad, y donde hasta ahora me he dedicado a reconocer repetidamente la miseria moral que envuelve mis sentimientos igual que a todo lo demás. Hasta ahí, dan ganas de decir: la vida es una mierda. El placer nunca se presenta solo. Pero mi experiencia reciente me dice: y prepárate, porque una desgracia se avecina.
Hoy me ha dicho que el piso donde vivimos se vende (qué amargo "se" de impersonalidad), y que se traslada (qué amargo "se" donde debería decir "nos") a un piso más pequeño y más céntrico en la ciudad de B.
B. es el nombre de la ciudad, que oculto por elegancia narrativa; no es la inicial del otro, al que llamo "el otro" con todas sus consecuencias. Aunque en este caso, la ciudad de B. curiosamente es la ciudad donde vive "el otro", así que si "B." fuera mi forma de referirme a él, la frase seguiría siendo cierta. Qué jodida ambigüedad del lenguaje.
A estas alturas, esto no debería dolerme. Y supongo que no me duele. No es como cuando el gato me clava las uñas en la espalda, no es como cuando andas descalzo y la arena te quema los pies. Es como si te sacaran a la calle y se cerrara la puerta detrás. Es como si pudieras elegir todos los sitios a donde ir excepto aquel donde quieres continuar (esto más que una metáfora, es en realidad la descripción de la situación). Es como si todo el mundo se olvidara de ti porque no te ven, no te oyen y no te sienten.
No debería sentir esto, por motivos que tampoco voy a reconocer hoy. Son todavía peores que el propio sentimiento. Hoy hace un día sorprendentemente frío y sorprendentemente tengo las manos muy frías. No suele pasarme. Y las tenía frías antes de que la noticia me dejara frío. Supongo que la expresión debe tener valor traslaticio, pues su significado textual queda invalidado por mi situación previa. Aunque me gustaría que se interpretara textualmente, para llevar al pensamiento paradójico de: ¿cómo se queda algo frío si ya estaba frío antes? Pues puede hacerlo, para que luego me hablen de causatividad.
Al parecer, no se opone a la idea de que yo pueda seguir viviendo con él incluso en este nuevo emplazamiento, aunque le resultaría más natural que no le siguiera y comenzara mi recorrido independientemente. Que al final, es lo que deberá pasar, dice. Yo no quiero que la cosa acabe, pero la vida me coge por la barbilla y me dice: cariño, que tú no quieras no le importa a nadie, ¿es que te han preguntado? No pintas nada, y da gracias de que lo peor que te pase sea no pintar nada. Podrías estar esclavizado, perseguido o muerto. Y yo respondo, con los párpados semicerrados: gracias. No me cabe el agradecimiento en el corazón. Voy a explotar de alegría. Siempre he preferido las muertes lentas.
Y como ya no soy un niño, veo que se acerca el final. Too young to reason, too grown up to dream, dice una canción preciosa. Supongo que es preciosa por la simetría de versos como este. Representa bastante bien el magnetismo de todas las cosas. En los polos hay tempestad, pero estar en el centro es mucho peor. Parece una contradicción lógica, pero es más bien una verdad constante.
No me visualizo sin él. Perdona vida, ya sé que no importa lo que siento, pero déjame al menos describirlo. Es un problema de visualización.
La canción de hoy es un preludio de Bach (Well-Tempered Klavier, o BWV846) arreglado por Jacques Loussier. Escucharía algo más dramático, pero estoy bastante desorientado y no quiero centrarme en una sola emoción. Sé que lo que ocurra finalmente no dependerá para nada de mis acciones (aunque ya me llevo bien con la falta de albedrío), así que tampoco hay lugar para la tragedia, que requiere mucho protagonismo. Sólo sé que cuando llegue el día en que empaquete mis cosas para volver con mi madre, lloraré amargamente. Espero que el dolor implique también la llegada de grandes placeres, porque si no se cumple la dualidad en el sentido opuesto voy a pedir que me devuelvan el dinero.
2007-11-07
26 - 32 - 45 = 1
Releo la entrada anterior y debo aclarar: aunque 45 me ofreció vernos ese día, luego me canceló. El día siguiente me canceló también. Y al final nos vimos pero yo salí con muchas dudas. No es que estuviésemos mal... pero falta de emoción en este momento es una muy mala señal. El hecho de que el otro estuviera por ahí de viaje de novios (lo digo con acritud) fue una losa en mi ánimo, aligerada por los placeres carnales, pero no del todo. 45 no despierta demasiada ilusión, pero lo seguiré intentando un poco más. De momento está bloqueado en el messenger. Así no tenemos la obligación de saludarnos cada vez que nos conectemos. Me pareció que se le hacía pesado, y a mí se me lo estaba empezando a hacer también.
Hoy no he pensado ninguna metáfora. Cuando llegó 32 (el que se aleja) lo noté extraño. Escribí en un papel: os habéis peleado. Mi fantasía estúpida consistía en adivinarlo y cuando me lo dijera enseñarle el papel y dármelas de listo (cada vez soy más miserable emocional). Era lo que tenía ganas de oír, supongo. O quizá tenía ganas de llamarle previsible (con mucha acritud). Su último viajecito había acabado en conato de separación. Me contó que habían tenido un día de crisis cuando al otro se le escapó que había ido al cine con un otro. En esta historia hay tantos otros que me estoy dando cuenta de lo inútil que es un lenguaje sin diferentes grados de pronombres despectivos. Pero que había sido todo maravilloso. Ha pasado medio día conmigo y ahora mismo vuelven a estar juntos, y yo pegado a una pantalla de ordenador. Suerte que tengo un ordenador super atractivo. Por cierto, el papel se quedó en el bolsillo. Así algún día lo redescubriré para recordar que puedo ser imbécil si me descuido.
Lo del papelito ha funcionado bastante bien como metáfora. Las ganas que tenía de que volviera escarmentado, como acabé yo en parte con mi historia. Aclaro la metáfora porque necesitaba explicármela a mí mismo, no es que dude de la capacidad del posible lector futuro.
Hoy ha vuelto a recordarme que lo más normal sería que yo le "pegara una patada" y huyera de esta situación. Lo suyo no es una metáfora, es una expresión que denota cierta pobreza de léxico (sobretodo porque la he oído bastantes veces repetida, y como me molesta, supongo que mi mente infla la repetición). Otro rasgo de miseria emocional: quizá esto es lo peor del asunto, sentir que no me quieren y descubrir a cada paso motivos más que suficientes para que no lo hagan. O peor: descubrir que yo tampoco puedo querer a uno o al otro o a mí. Al final será verdad que tengo que huir de esto.
A ver si puedo explicar por qué no lo hago. A ver si suena convincente en una sola frase: ellos no son más que yo y están sujetos a las mismas o peores miserias morales. Ergo, (he tenido que usar segunda frase con latinismo incluso) volverá a mí porque soy el menor mal. No que vuelva a amarme apasionadamente (yo tampoco lo hago), pero que quiera compartir conmigo la vida como hasta ahora. Como lo hacía antes de que le diera por descubrir el amor (a los 32!!!). Aunque contradice mi teoría de que a los hombres con la edad sólo les espera un enchochamiento cada vez más profundo, por otro lado esta explicación es lo bastante inmunda como para ser verosímil. Hoy le he dicho que sólo le falta comprarse la Súperpop, y después de hablar sobre el tema me ha dicho que nos decimos cosas muy amargas y que por eso, quizá sería mejor que le "diera la patada". Todavía no entiende que a veces hago asociaciones de ideas porque son divertidas, y no porque quiera hacer daño. Pensar en el mundo real genera tanta impotencia que los que tenemos inquietudes sólo podemos vengarnos construyendo fantasías irónicas con piezas de la realidad disgustante. ¡Que me perdone el mundo por intentar vengarme! Tampoco es para tanto, si por más que me esfuerce nunca seré tan asqueroso como la realidad.
Hoy no he pensado ninguna metáfora. Cuando llegó 32 (el que se aleja) lo noté extraño. Escribí en un papel: os habéis peleado. Mi fantasía estúpida consistía en adivinarlo y cuando me lo dijera enseñarle el papel y dármelas de listo (cada vez soy más miserable emocional). Era lo que tenía ganas de oír, supongo. O quizá tenía ganas de llamarle previsible (con mucha acritud). Su último viajecito había acabado en conato de separación. Me contó que habían tenido un día de crisis cuando al otro se le escapó que había ido al cine con un otro. En esta historia hay tantos otros que me estoy dando cuenta de lo inútil que es un lenguaje sin diferentes grados de pronombres despectivos. Pero que había sido todo maravilloso. Ha pasado medio día conmigo y ahora mismo vuelven a estar juntos, y yo pegado a una pantalla de ordenador. Suerte que tengo un ordenador super atractivo. Por cierto, el papel se quedó en el bolsillo. Así algún día lo redescubriré para recordar que puedo ser imbécil si me descuido.
Lo del papelito ha funcionado bastante bien como metáfora. Las ganas que tenía de que volviera escarmentado, como acabé yo en parte con mi historia. Aclaro la metáfora porque necesitaba explicármela a mí mismo, no es que dude de la capacidad del posible lector futuro.
Hoy ha vuelto a recordarme que lo más normal sería que yo le "pegara una patada" y huyera de esta situación. Lo suyo no es una metáfora, es una expresión que denota cierta pobreza de léxico (sobretodo porque la he oído bastantes veces repetida, y como me molesta, supongo que mi mente infla la repetición). Otro rasgo de miseria emocional: quizá esto es lo peor del asunto, sentir que no me quieren y descubrir a cada paso motivos más que suficientes para que no lo hagan. O peor: descubrir que yo tampoco puedo querer a uno o al otro o a mí. Al final será verdad que tengo que huir de esto.
A ver si puedo explicar por qué no lo hago. A ver si suena convincente en una sola frase: ellos no son más que yo y están sujetos a las mismas o peores miserias morales. Ergo, (he tenido que usar segunda frase con latinismo incluso) volverá a mí porque soy el menor mal. No que vuelva a amarme apasionadamente (yo tampoco lo hago), pero que quiera compartir conmigo la vida como hasta ahora. Como lo hacía antes de que le diera por descubrir el amor (a los 32!!!). Aunque contradice mi teoría de que a los hombres con la edad sólo les espera un enchochamiento cada vez más profundo, por otro lado esta explicación es lo bastante inmunda como para ser verosímil. Hoy le he dicho que sólo le falta comprarse la Súperpop, y después de hablar sobre el tema me ha dicho que nos decimos cosas muy amargas y que por eso, quizá sería mejor que le "diera la patada". Todavía no entiende que a veces hago asociaciones de ideas porque son divertidas, y no porque quiera hacer daño. Pensar en el mundo real genera tanta impotencia que los que tenemos inquietudes sólo podemos vengarnos construyendo fantasías irónicas con piezas de la realidad disgustante. ¡Que me perdone el mundo por intentar vengarme! Tampoco es para tanto, si por más que me esfuerce nunca seré tan asqueroso como la realidad.
2007-10-31
hoy 32, mañana 45
Pues no, que el placer se traduzca en medusas no es suficiente contraprestación. Al parecer la vida tiene otros mecanismos de castigo.
Por la mañana me invitó a desayunar en su casa, lo cual significa que me invitó a compartir buena parte de su intimidad. Un domingo por la mañana espectacular, cálido, silencioso y en harmonía. Sólo me preocupaba volver relativamente pronto a casa para poder comer con mi madre y pasar antes un tiempo con esa persona que estoy perdiendo y de la que todavía no he hablado. Poco sabía yo que él estaba dando un paso más en la otra dirección al mismo tiempo.
Supongo que la metáfora de hoy es: buscas agua fría para calmar tu sed, y no sólo no te la dejan beber, sino que te tiran una buena jarra por encima. Podría redondear la metáfora si me imagino que unas gotas frías de agua caen en tus labios y puedes sufrir todavía más tu sed, y que otras cuantas caen por donde suelen caer las lágrimas. Podría incluso estar erosionado el camino. Podrían ser las mismas.
Al mismo tiempo que yo relamía el placer de haber encontrado a quien llamaré misteriosamente 45, él estaba confesándole a su familia que ya no somos pareja, que está con otro. Hoy me lo ha dicho y entonces me he dado cuenta de lo gris que estaba el cielo. Ha estado gris todo el día, y ha llovido un poco hace una hora. Esta segunda metáfora se completaría completamente si yo hubiera llorado, pero no lo he hecho. Podría haberme permitido una licencia ficcional, pero es demasiado importante. Porque no he llorado no porque no tuviera ganas (el día ha estado gris desde el principio), no por ausencia de medusas, no por no sentirme solo. No he llorado porque empiezo a sentir que llega lo peor: voy a quedar sin protección, voy a tener que defenderme a mí mismo, voy a tener que ser fuerte a la fuerza y tengo que tener limpios los ojos para eso.
Creo que hoy he entendido mi estúpida necesidad de protección externa. Porque es paradójico que al mismo tiempo soy una persona dura y resistente. Compatibilizar los dos aspectos no es fácil, pero se me ha ocurrido que quizá haber tenido una infancia solitaria y a veces dura me obligara a dedicar mi energía a la autoprotección, y que ahora en la madurez (aunque suelo bromear con que me hallo en la adolescencia), que es cuando nos permitimos ser niños, busco que otros hagan por mí la tarea de entretenerme y darme ilusión, o protegerme en sentidos más amplios que ni siquiera me paro a pensar, a hacer cosas respecto a mí que de hecho yo ya perdí las ganas de hacer. Pensando en estas cosas se me ha ocurrido que quizá el alto nivel de suicidios de Japón es un indicador más de su elevado nivel cultural, y aunque no me parece ni cierto ni importante, me ha parecido un chiste sarcástico bastante bueno, que me guardo para cuando quiera parecer muy listo y muy desengañado. Supongo que es como soy, aunque para mí el lujo sería poderme mostrar tontorrón y confiado. Igual por eso todavía necesito a la persona que se aleja de mí.
Hoy me ha explicado que le explicó a sus padres lo que nosotros mismos todavía no entendemos muy bien. Mi conclusión: se me está quitando de encima. Ahora solo queda esperar el momento en que me diga: tienes que dejar de vivir conmigo. Quizá no lo ha hecho ya por culpabilidad. Quizá por eso recibió con alegría la noticia de que yo he conocido a 45.
Mi conclusión, como se puede ver, es la versión más pesimista. Otra versión es que sigue queriéndome pero ha preferido no mentir y reconocer que ahora mismo está enamorado de otro hombre. Apoya esta versión el hecho de que sigue queriendo estar conmigo y compartir muchas cosas que son, para mí también, fundamentales.
Después de decirme esto, además, se va de viaje con él 7 días y me quedo solo en este periodo de vacaciones en que no tengo casi nada que hacer. Por suerte, acaba de decirme mi querido 45 que mañana vaya a verlo como la otra vez. Lo ha dado casi por hecho. Eso me parece bien. Si quisiera seguir la típica estrategia de seducción atontada, quizá preferiría que no se sintiera tan seguro en su control sobre mí. Pero creo que ya tenemos edad y talante para reconocer lo que no hay (qué remedio) pero por suerte también para poder decir lo que sí hay. Que por eso somos 45 y 26.
Sólo temo que si el que se aleja (a partir de ahora, 32) deja de darme su soporte y presencia, quedo desprotegido ante las posibles complicaciones del arranque de una posible relación con 45, lo cual vicia las cosas y me resta magnanimidad. Este párrafo es difícil de entender por alguien que intente leerme conservando una buena imagen de mí. Pues no: estos son los pensamientos de un auténtico cobarde emocional, y además con premeditación y frialdad. Pero son los pensamientos que tengo cuando reflexiono sobre mi estado. Y no son otros.
En conclusión: nubes muy oscuras todo el día, todas las medusas que son típicas en estos casos, muy poca lluvia y sequedad total en mi cara, miedo, inicio de resistencia, desagrado por el mundo si llego a quedarme solo, una promesa de futuro que de momento funciona, mucho ejercicio, mucho estoicismo.
Por la mañana me invitó a desayunar en su casa, lo cual significa que me invitó a compartir buena parte de su intimidad. Un domingo por la mañana espectacular, cálido, silencioso y en harmonía. Sólo me preocupaba volver relativamente pronto a casa para poder comer con mi madre y pasar antes un tiempo con esa persona que estoy perdiendo y de la que todavía no he hablado. Poco sabía yo que él estaba dando un paso más en la otra dirección al mismo tiempo.
Supongo que la metáfora de hoy es: buscas agua fría para calmar tu sed, y no sólo no te la dejan beber, sino que te tiran una buena jarra por encima. Podría redondear la metáfora si me imagino que unas gotas frías de agua caen en tus labios y puedes sufrir todavía más tu sed, y que otras cuantas caen por donde suelen caer las lágrimas. Podría incluso estar erosionado el camino. Podrían ser las mismas.
Al mismo tiempo que yo relamía el placer de haber encontrado a quien llamaré misteriosamente 45, él estaba confesándole a su familia que ya no somos pareja, que está con otro. Hoy me lo ha dicho y entonces me he dado cuenta de lo gris que estaba el cielo. Ha estado gris todo el día, y ha llovido un poco hace una hora. Esta segunda metáfora se completaría completamente si yo hubiera llorado, pero no lo he hecho. Podría haberme permitido una licencia ficcional, pero es demasiado importante. Porque no he llorado no porque no tuviera ganas (el día ha estado gris desde el principio), no por ausencia de medusas, no por no sentirme solo. No he llorado porque empiezo a sentir que llega lo peor: voy a quedar sin protección, voy a tener que defenderme a mí mismo, voy a tener que ser fuerte a la fuerza y tengo que tener limpios los ojos para eso.
Creo que hoy he entendido mi estúpida necesidad de protección externa. Porque es paradójico que al mismo tiempo soy una persona dura y resistente. Compatibilizar los dos aspectos no es fácil, pero se me ha ocurrido que quizá haber tenido una infancia solitaria y a veces dura me obligara a dedicar mi energía a la autoprotección, y que ahora en la madurez (aunque suelo bromear con que me hallo en la adolescencia), que es cuando nos permitimos ser niños, busco que otros hagan por mí la tarea de entretenerme y darme ilusión, o protegerme en sentidos más amplios que ni siquiera me paro a pensar, a hacer cosas respecto a mí que de hecho yo ya perdí las ganas de hacer. Pensando en estas cosas se me ha ocurrido que quizá el alto nivel de suicidios de Japón es un indicador más de su elevado nivel cultural, y aunque no me parece ni cierto ni importante, me ha parecido un chiste sarcástico bastante bueno, que me guardo para cuando quiera parecer muy listo y muy desengañado. Supongo que es como soy, aunque para mí el lujo sería poderme mostrar tontorrón y confiado. Igual por eso todavía necesito a la persona que se aleja de mí.
Hoy me ha explicado que le explicó a sus padres lo que nosotros mismos todavía no entendemos muy bien. Mi conclusión: se me está quitando de encima. Ahora solo queda esperar el momento en que me diga: tienes que dejar de vivir conmigo. Quizá no lo ha hecho ya por culpabilidad. Quizá por eso recibió con alegría la noticia de que yo he conocido a 45.
Mi conclusión, como se puede ver, es la versión más pesimista. Otra versión es que sigue queriéndome pero ha preferido no mentir y reconocer que ahora mismo está enamorado de otro hombre. Apoya esta versión el hecho de que sigue queriendo estar conmigo y compartir muchas cosas que son, para mí también, fundamentales.
Después de decirme esto, además, se va de viaje con él 7 días y me quedo solo en este periodo de vacaciones en que no tengo casi nada que hacer. Por suerte, acaba de decirme mi querido 45 que mañana vaya a verlo como la otra vez. Lo ha dado casi por hecho. Eso me parece bien. Si quisiera seguir la típica estrategia de seducción atontada, quizá preferiría que no se sintiera tan seguro en su control sobre mí. Pero creo que ya tenemos edad y talante para reconocer lo que no hay (qué remedio) pero por suerte también para poder decir lo que sí hay. Que por eso somos 45 y 26.
Sólo temo que si el que se aleja (a partir de ahora, 32) deja de darme su soporte y presencia, quedo desprotegido ante las posibles complicaciones del arranque de una posible relación con 45, lo cual vicia las cosas y me resta magnanimidad. Este párrafo es difícil de entender por alguien que intente leerme conservando una buena imagen de mí. Pues no: estos son los pensamientos de un auténtico cobarde emocional, y además con premeditación y frialdad. Pero son los pensamientos que tengo cuando reflexiono sobre mi estado. Y no son otros.
En conclusión: nubes muy oscuras todo el día, todas las medusas que son típicas en estos casos, muy poca lluvia y sequedad total en mi cara, miedo, inicio de resistencia, desagrado por el mundo si llego a quedarme solo, una promesa de futuro que de momento funciona, mucho ejercicio, mucho estoicismo.
2007-10-28
45
Cumple todos mis requisitos, es decir: se parece a mí. Si creyera poderme estar a punto de enamorar por eso, me parecería demasiado cerebral. Suerte que el cuerpo no miente, y su volumen ha llenado el espacio vacío que rodea mi cuerpo cuando está desnudo. Qué bien ocupaba su lugar. Qué contundente.
Además, algo me hace pensar que ha quedado satisfecho de mí. Si se parece a mí, tampoco le será fácil encontrar a nadie que se ajuste a sus requisitos. Aunque quizá no tenga ni requisitos porque no haya búsqueda. En realidad, ha dicho que nunca ha tenido pareja, y que para qué. Ya veremos para qué.
He recuperado una parte de fe, entendiendo fe como creer en fantasías absurdas y reconfortarse en esa creencia. Creer en fantasías absurdas que no reconfortan se llama estupidez.
Empiezo a aprender que en esta vida llamamos malo a lo que duele al principio, y bueno a lo que duele al final. Habría que revisar eso, de hecho los orientales van por el buen camino, pues valoran la tortura y huyen del placer. El bien y mal, como conceptos cristianos que son, son estúpidos. En realidad sólo hay dos polos: la satisfacción y la no satisfacción. El placer de esta noche pasada se ha convertido desde hace unas horas en una medusa, y claro que medusa es una metáfora manoseadísima de angustia. Desde que se me ha ocurrido pensar que podría enamorarme noto que me falta una pieza por donde se me escapa un fluído invisible que no sabría identificar (me cuesta identificar cosas que no veo). Así que ahora empiezo a pagar el placer con dolor. Es lógico, la onda ha subido y ahora está bajando, si fuera la cuerda de un piano estaría sonando una mínima frecuencia de nota musical. No sé si será en un tono mayor o menor.
Ahora necesito saber qué piensa él. Parecía encantado, yo también; al principio estaba satisfecho de haberme mostrado desenvuelto y hablador, pero a medida que descubría cuánto me gustaba me he ido volviendo callado y asustado y culpable e insatisfecho por estarlo. Una vez más la vieja historia de disimular el interés para no asustar o manifestarlo para intentar enganchar. ¿No somos grandes ya?
Estoy escuchando "Postcards from Italy". También "In the morning (Alex Smoke Remix)", que es lo primero que ha salido en el ipod cuando he vuelto a la soledad del tren.
Esta vez hablo de un candidato de categoría.
Además, algo me hace pensar que ha quedado satisfecho de mí. Si se parece a mí, tampoco le será fácil encontrar a nadie que se ajuste a sus requisitos. Aunque quizá no tenga ni requisitos porque no haya búsqueda. En realidad, ha dicho que nunca ha tenido pareja, y que para qué. Ya veremos para qué.
He recuperado una parte de fe, entendiendo fe como creer en fantasías absurdas y reconfortarse en esa creencia. Creer en fantasías absurdas que no reconfortan se llama estupidez.
Empiezo a aprender que en esta vida llamamos malo a lo que duele al principio, y bueno a lo que duele al final. Habría que revisar eso, de hecho los orientales van por el buen camino, pues valoran la tortura y huyen del placer. El bien y mal, como conceptos cristianos que son, son estúpidos. En realidad sólo hay dos polos: la satisfacción y la no satisfacción. El placer de esta noche pasada se ha convertido desde hace unas horas en una medusa, y claro que medusa es una metáfora manoseadísima de angustia. Desde que se me ha ocurrido pensar que podría enamorarme noto que me falta una pieza por donde se me escapa un fluído invisible que no sabría identificar (me cuesta identificar cosas que no veo). Así que ahora empiezo a pagar el placer con dolor. Es lógico, la onda ha subido y ahora está bajando, si fuera la cuerda de un piano estaría sonando una mínima frecuencia de nota musical. No sé si será en un tono mayor o menor.
Ahora necesito saber qué piensa él. Parecía encantado, yo también; al principio estaba satisfecho de haberme mostrado desenvuelto y hablador, pero a medida que descubría cuánto me gustaba me he ido volviendo callado y asustado y culpable e insatisfecho por estarlo. Una vez más la vieja historia de disimular el interés para no asustar o manifestarlo para intentar enganchar. ¿No somos grandes ya?
Estoy escuchando "Postcards from Italy". También "In the morning (Alex Smoke Remix)", que es lo primero que ha salido en el ipod cuando he vuelto a la soledad del tren.
Esta vez hablo de un candidato de categoría.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)